Hoy hace 42 años que falleció el general Juan Domingo Perón, tres veces presidente electo de la Nación Argentina.
Aún recuerdo aquella soleada mañana del 1 de julio de 1974, cuando junto a varios compañeros esperábamos con gran tristeza, en el bar Los Tribunales, la noticia del desenlace final.
Estábamos al borde de las lágrimas cuando a la una de la tarde, la radio y la televisión del lugar, en blanco y negro, anunciaron la cadena nacional. Ya intuimos lo peor.
De inmediato, se escuchó la voz conmovida de la vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón. Comunicaba al país la infausta noticia. Nunca voy a olvidar cuando un amigo radical se nos arrimó, con lágrimas, y comenzó a abrazar a los peronistas dándonos el pésame y tratando de consolarnos. Ese era el legado del desaparecido líder.
Había muerto Juan Perón, el hombre que gravitaba en la vida política de la Argentina desde hacía 30 años. Y hacía poco que había retornado a su patria, luego de 18 años de exilio, solo para convocarnos a la reconciliación nacional, simbolizada por aquel inolvidable abrazo con Ricardo Balbín.
Y hoy, a 42 años de su muerte, creo que es bueno recordar a Perón, historiando una de las obras más importante que nos legó: iniciar el camino de la investigación y el uso pacífico de la energía nuclear al crear en 1950 la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
Esta iniciativa, que hoy es motivo de orgullo nacional, en sus inicios fue criticada y ridiculizada casi hasta el desprestigio, tanto aquí como en el extranjero, pues hasta Winston Churchill llegó a sostener en foros internacionales -por travesuras de algunos de aquí- que la Argentina investigaba la energía atómica con fines bélicos.
Por suerte, luego de 1955, la obra continuó en pie y muy pocas veces esta dejó de avanzar en los 66 años de vida que tiene.
Una breve historia
La Comisión Nacional de Energía Atómica fue creada el 31 de mayo de 1950, por el gobierno de Perón (Decreto 10.936/50). Desde sus inicios, la Comisión puso énfasis en la formación profesional en las ciencias y tecnologías asociadas, la creación de laboratorios y todas las actividades relacionadas con la radioquímica, la metalurgia nuclear y la minería del uranio.
Cuando la actividad comenzó a consolidarse, la Comisión llevó adelante la construcción y operación de reactores de investigación y sus combustibles; la producción de radioisótopos y el empleo de las radiaciones ionizantes para diagnóstico y tratamiento médico.
Además, con solo dos centrales nucleoeléctricas, llegó a producir el 8 por ciento de la energía eléctrica del país, lo que favoreció la construcción y operación de centrales de potencia y el dominio del ciclo de combustible.
Orgullo nacional
Actualmente, la Argentina es líder en la región en el campo de la medicina nuclear, particularmente en la producción de radioisótopos. Se produce molibdeno-99, y exporta radioisótopos como el iodo-131 y el cobalto 60, necesarios para el tratamiento de ciertos tipos de cáncer.
Las actividades del organismo se desarrollan dentro de un marco legal definido por dos normas principales que tutelan su funcionamiento. Esa legislación la dota de plena capacidad para actuar pública y privada en los órdenes científico, técnico, industrial, comercial, administrativo y financiero.
Además, es responsable de la aplicación de la Ley régimen de gestión de residuos radiactivos", y de la Convención (internacional) conjunta sobre la seguridad en la gestión de los combustibles gastados y la seguridad en la gestión de los residuos radiactivos.
Actualmente, a 66 años de su creación, la CNEA es considerada una de las nueve entidades académicas en ciencias nucleares con mayor prestigio a nivel mundial y líder en Latinoamérica.

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Sección Editorial

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