Al cumplirse el 50 aniversario de la desaparición del avión TC 48, perteneciente a la Escuela de Aviación Córdoba, partirá a Costa Rica un comando especial de búsqueda enviado por la Fuerza Aérea Argentina. El equipo estará a cargo del capitán José María Dansky y el teniente Savagna, comandos especializados en territorios hostiles en lo que se ha denominado Operación Esperanza VII.
"Esta búsqueda será realizada por tierra, como se hicieron las anteriores. También en esta ocasión contarán con el aporte logístico de la NASA y de la Conae (Comisión Nacional de Actividades Espaciales)", le contó a El Tribuno Regina Zurro, hija del comandante Mario Nello Zurro, oriundo de Metán radicado en Córdoba, desaparecido en el misterioso vuelo sin fin. Los otros salteños que se encontraban en el fatídico vuelo eran los cadetes Oscar Vuistaz, cuyas pertenencias tendrían un papel clave en la historia, y René Labrousans.

Logística de última generación
Esta búsqueda, como las anteriores, implicará una tarea ardua. "En esta época llueve mucho en Costa Rica. La búsqueda palmo a palmo se realiza en plena selva montañosa considerada una de las más complicadas del mundo, habida cuenta a su topografía", agregó Regina.
En esta operación, como ya es costumbre, los comandos serán acompañados por un baquiano y gente de la Guardia Civil costarricense y se guiarán por imágenes satelitales captadas con radares de última generación, obtenidas por el investigador Marcelo Módica, de la Conae, que hace años viene trabajando en el tema, contando también con el aporte de la NASA y de los investigadores de la Universidad de Costa Rica que nunca abandonaron el misterioso caso.
Sin perder las esperanzas
Esta se constituirá en la séptima investigación in situ que se realiza desde que en 2008. La Fuerza Aérea Argentina, a cargo del brigadier Normando Constantino, dio un vuelco de 180 grados a la postura original de esa fuerza y decidió apoyar a los familiares en la búsqueda de los cadetes y oficiales desaparecidos. Recién en ese momento las autoridades decidieron escuchar a los familiares, que durante más de 40 años insistieron en que el avión no había caído al mar, debido a que no había pruebas que sustentaran esa hipótesis. Así reconocieron oficialmente que el caso no estaba resuelto como se anunció poco tiempo después de la tragedia, más concretamente en 1968, bajo el gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía.
Por esos tiempos, el alto mando de la Fuerza Aérea argumentó que el avión se había precipitado al océano, mostrando como únicas pruebas la cédula de identidad del cadete salteño Oscar Vuistaz, un par de gemelos y unos dólares, que según la información oficial habían sido rescatados de las aguas. Sin embargo, esos elementos fueron sometidos a diferentes pericias por parte de la Gendarmería Nacional con tecnología de punta que demostró que nunca habían estado en contacto con el mar.
Sin embargo, en esta ocasión también se sumó un rastreo por mar, que comenzó hace una semana. La faena está a cargo del argentino Mariano Torres García, quien vive en Estados Unidos, se especializa en rastreos marítimos y colabora gratuitamente con los familiares para resolver el misterio. Ellos están convencidos de que el avión cayó en tierra y que se habría estrellado contra una montaña en la espesa selva de Costa Rica aquel fatídico 3 de noviembre de 1965. "Hay que dejarlos que busquen en el mar, para que se convenzan de que allí no están", dijo Clyde.
La historia de la tragedia
El TC 48, que era un avión de carga, partió el 1 de noviembre de 1965 desde la pista de la Escuela de Aviación Córdoba, junto al T43, que sí estaba acondicionado para pasajeros. El periplo del viaje de estudios incluía varios países del continente americano y debía concluir en Estados Unidos.

"Queremos poder enterrarlos"
"A nosotros no nos mueve otro interés que no sea la reparación histórica y dar sepultura a los oficiales, suboficiales y cadetes argentinos, que hacían su último viaje de instrucción hacia Estados Unidos. Nadie recibió un solo peso de indemnización y tampoco fue pedido. Lo único que queremos es encontrarlos. Queremos saber dónde están, queremos poder enterrarlos", dijo Marta Vuistaz.
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El TC 48 no estaba en condiciones de volar
Pellicer, a cargo de la I Brigada Aérea, se negó a suscribir el despegue. El vuelo TC48 estaba a cargo del Brigadier Benigno Andrada, director de la Escuela de Aviación Militar Córdoba, quien viajaba en el T43. Antes de que las naves partieran, el jefe de la I Brigada Aérea, Guillermo Pellicer, se negó a suscribir la orden de despegue, al advertir que el TC 48 no se hallaba en condiciones. No obstante, Andrada asumió la responsabilidad y despegaron.
La nave era un avión de carga y carecía de presurización. Por eso no podían superar los 3.500 m de altura, de lo contrario los cadetes se quedaban sin oxígeno. Dos días más tarde y tras una sucesión de escalas, entre ellas, Mendoza y Antofagasta, en las que los despegues salieron hasta con dos horas de retraso por los inconvenientes en los motores, el piloto, comandante Renato Felippa, anunció por radio que uno de sus motores se incendiaba. El alerta fue dado cuando volaban entre la base Howard, en Panamá y El Salvador. Estas comunicaciones fueron grabadas por las torres de control Las Mercedes, de Nicaragua, y El Coco, de Costa Rica. Incluso hay constancias de que el TC48 se comunicó con el T43 informando lo que ocurría. A partir de allí hubo una cadena de complicidades para ocultar lo que las familias denominaron "negligencia de las autoridades aéreas de la época".
Mujeres claves
En esta trágica historia hubo mujeres que tuvieron un papel fundamental. Clyde Pereyra, esposa del comandante metanense se negó a recibir el pésame por parte de la Fuerza Aérea, y lo propio hicieron el capitán Juan Tomilchenko y el suboficial Rubén Bravino que eran padres de dos de los cadetes en protesta por las irregularidades con las que la institución manejó el caso y decidieron viajar a Costa Rica por sus propios medios y rastrear ellos mismos el destino de la máquina. Clyde dejó a sus pequeños hijos, Regina de 8, María Nella de 7, Alejandro de 5 y Pedro de 2 año, con su familia en Uruguay y partió hacia Costa Rica, donde buscó a su marido durante 18 meses. Si bien no encontraron los restos del avión, sí lograron relevar una serie de datos y testimonios que dan cuenta de que cayó en la selva y no en el mar. Clyde falleció en 2014, sin haber encontrado a su marido, a quien nunca dio por muerto.
Las hermanas Vuistaz
Las hermanas del cadete Oscar Vuistaz, Susana y Marta, que residen en la capital salteña, y Gabriela, en Córdoba, no pierden las esperanzas de encontrar al "Negro", como llaman aún, cariñosamente, a su hermano.
Fue justamente una carta anónima recibida por los padres del cadete Vuistaz, la que les infundió fuerzas para tratar de encontrar la verdad de lo ocurrido con el TC48.
El autor de la misiva, uno de los pasajeros del T43, explicó que Oscar Vuistaz le había pedido en Panamá que le "llevara la cédula, un par de gemelos y unos dólares... cuando se conoció la tragedia acaecida hizo entrega de estos elementos al brigadier Andrada". Estos luego fueron utilizados como falsa prueba de que el avión había caído al mar.
En 2006 se constituyó una asociación civil, Familiares de Desaparecidos del avión TC 48, que sigue buscando aún la verdad.


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