A la hora de optar entre dos futuros

Rodolfo Terragno

A la hora de optar entre dos futuros

Todo menú es una lista cerrada de platos y, por lo tanto, el comensal debe elegir uno de ellos. No puede ordenar que le preparen algo que no está en esa lista.
Lo mismo ocurre en la segunda vuelta de una elección presidencial en aquellos países, como el nuestro, en los que rige el sistema de balotaje. Uno está obligado a decidirse por alguno de los candidatos que figuran en el menú electoral. Debe optar por el plato que más le guste. O el que menos le disguste.

En la elección del próximo domingo 22, el dilema es muy claro:
Quienes están conformes con los gobernantes que tuvimos en los últimos 12 años, y quieran que lleguen a 16, tendrán que votar al gobernador Daniel Scioli.
Por cierto, hay gente para la cual da lo mismo el naranja que el amarillo. No se pronuncia por ninguno de los dos candidatos. Cree que uno representa el autoritarismo y otro a los factores de poder.
Pero es la mayor parte de los argentinos se dividirá entre quienes quieren más de lo mismo y los que aspiran al cambio:
El modelo oficialista. Sus defensores prefieren la ejecutividad a la ortodoxia institucional. Consideran que el triunfo en las urnas otorga un poder irrestricto. No conceden importancia a las disidencias. Sienten que la oposición obedece a criterios corporativos. Creen que la confrontación es indispensable. Atribuyen las denuncias sobre corrupción a un complot desestabilizador. Creen que la Justicia no debe ponerle obstáculos al Ejecutivo. Prefieren potenciar el consumo a combatir la inflación y contener el déficit. Aseguran que los subsidios reducen la pobreza. Reivindican la intervención directa del Estado en la economía. En el orden internacional, se identifican con gobiernos contestatarios.
El modelo alternativo. Sus promotores creen que la ejecutividad, fuera del marco institucional, es perecedera. Auspician el diálogo y buscan consensos para sustentar políticas públicas. Proponen conciliar intereses y dirimir con equidad los inconciliables. No creen que la moral pública y la eficacia sean incompatibles. Valoran la independencia judicial. Sostienen que la clase media y los pobres son las principales víctimas de la inflación. Afirman que la pobreza se combate con educación y empleo. Prefieren un Estado regulador a un Estado empresario. Creen que, antes que a la solidaridad ideológica, la política internacional debe orientarse a la defensa incondicional de los intereses nacionales.
Entre los partidarios de uno y otro modelo hay, por supuesto, diferencias internas. No existe, ni en el oficialista ni en el alternativo, un pensamiento único sobre cada una de las políticas a seguir en distintas materias. Lo que debemos evaluar es cuál de esos dos modelos crea un ambiente más propicio para la convivencia y la solución de los problemas que afectan, verticalmente, a toda la sociedad. En definitiva, cuál de los dos favorecería más la prosperidad y la armonía sociales.
Tenemos que optar. No entre dos personas.
Entre dos futuros.
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