Uno de los objetivos del Día Mundial de las Personas con Discapacidad es incluirlos en la sociedad y el desarrollo. Pero los tentáculos de la inequidad se cuelan en actividades cotidianas. Es lo que le ocurre a Stella Maris Farfán (43), profesora de Artes Plásticas, cuando realiza trámites en la ciudad. "Como persona sorda siento que la sociedad me discapacita... Voy a hacer un trámite numerado y llaman en voz alta; pero, obvio, yo no oigo", grafica. Añade que los carteles que anuncian el orden de los turnos son ideales para los sordos. Pero si en los locales no están disponibles, ella se queda al lado del mostrador y controla el punzante donde los empleados van colocando los papeles de los clientes atendidos. Así no pierde turnos. Ella está casada con Sergio Orosco (49). Ambos quedaron sordos en la primera infancia, después de haber adquirido el habla. Tienen dos hijos: Fredy (8) y Denzel (7), que son oyentes y manejan la lengua de señas. Stella dice que ellos, dadas las condiciones para los sordos, si no tienen trabajo se lo inventan. "A los 25 años, yo dejé mi currículum muy segura de mis capacidades, en muchos ámbitos administrativos, sin éxito. Pisando los 40 comencé a pelearla para entrar en el sistema educativo. Trabajo de profesora, que es mi pasión y para lo que estudié", declara. Agrega que su marido es tapicero, tiene conocimientos en programación de PC, es escritor y karateca. En Mendoza, de donde es oriundo, enseñaba a sordos integrados con oyentes, pero en Salta no se le dio esa oportunidad.
Stella dice que se sienten integrados en la escuela pública a la que concurren sus hijos. "Hablamos en lengua de señas entre nosotros y a nadie le parece algo extraño, pero para que haya verdadera inclusión hace falta un servicio de intérpretes en actos, reuniones y eventos, ya que en esos momentos solo estamos de "mirantes''", se lamenta. Justamente la carencia de estos mediadores expulsa a los sordos no postlocutivos de las universidades, por ejemplo. "El derecho a informarnos es primodial en cualquier ámbito, hasta en un hospital porque cuando vamos a un médico y nos habla rápido quedamos fuera del asunto", expresa. Concluye que falta concientización en la sociedad para ver a los sordos como personas independien tes.

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