Primero -y por más que se haga un esfuerzo en minimizarlo- no es como los días en el jardín de infantes o la salita de 5 o 4, como le dicen los chicos. De pronto los pequeños, que a duras penas no olvidaban todos los días en el jardín, se enfrentan a la responsabilidad de cuidar todo lo que llevan en la mochila, de sentarse solitos, y, además, de aprender a leer y escribir: una tarea nada fácil. A eso se suma la ansiedad que los padres, muchas veces sin querer, les transmiten a sus pequeños. Aprender el abecedario, las vocales, reconocer los números hasta cien y todo eso antes las vacaciones de julio. Es por eso que muchas veces los chicos, que durante las primeras semanas no tuvieron temor a este nuevo escenario, sienten a esta altura del año que no pueden con todo. No querer ir a la escuela, llorar o simplemente olvidarse las tareas son algunos de los comportamientos más comunes.
En busca de consejos para reconocer si los pequeños de la casa están sufriendo el ingreso a primero, El Tribuno buscó el apoyo de Fernanda Antonietti, psicopedagoga.
"Cuando los niños comienzan la escolarización los padres se enfrentan a miedos, angustias, incertidumbres, que muchas veces son de ellos y le transfieren a sus hijos", destacó la profesional.
La psicopedagoga advirtió que las angustias de los padres muchas veces acrecientan la propia ansiedad del niño.
Hay que recordar que el pequeño de la casa se enfrenta a los desconocido, pero con la ilusión de qué el primer grado no tenga demasiadas diferencias con el jardincito que hace algunos meses dejó atrás. Los adultos, por experiencia propia, saben que es otra cosa, pero no por eso le deben transmitir las experiencias personales. Hay que dejar que el pequeño recorra su propio camino.
"El desajuste o crisis se produce naturalmente, ya que en el nivel inicial el niño está en un ambiente de contención, amor, donde el juego forma parte de la jornada, él es nombrado por su nombre, En el siguiente grado los niños se encuentran en una atmósfera totalmente diferente, resultándole difícil su adaptación en un sistema reglado donde ahora será nombrado por su apellido, y será calificado por notas y números", recordó la especialista, destacando algunas de la grandes de diferencias que el pequeño vivirá en la escuela.
El estar listos para estos momentos tienen que ver con la maduración que presentan los pequeños, y muchas veces -aunque parezcan muy independientes y maduros- no están preparados.
"En ocasiones los pequeños no se encuentran maduros para el aprendizaje de la lecto-escritura ya que estas son actividades complejas, la edad mental no es acorde a su edad cronológica. Sumado a esto su conducta debe responder a ella, es decir que no basta con la capacidad adecuada, sino que necesita aceptar con madurez los requerimientos sociales de este nuevo nivel educativo. El riesgo es que su adaptación se retarde", detalló Fernanda Antonietti, a El Tribuno.
La psicopedagoga destacó el rol de la docente en este proceso. "Es importante en este proceso que el docente sea flexible y que use el juego como herramienta de aprendizaje para despertar la curiosidad y el interés del niño por aprender. Las calificaciones deben ser estimulantes resaltando lo que el niño logró y no en lo que falla", afirmó.
Desde la casa la tarea es simplemente acompañar. "Para un desarrollo adecuado es necesario el acompañamiento de ambos padres en el ingreso al sistema educativo. Actualmente se han incrementado las familias monoparentales, conformadas por un solo padre o madre y su hijo, y en estos casos es recomendable que el niño tenga una imagen paterna, que no necesariamente debe ser el padre biológico, sino un tío o un abuelo", sintetizó la profesional destacando que la presencia de toda la familia y la figura paterna, muchas veces ausente, es necesaria para lograr el éxito durante el proceso de aprendizaje.

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