Eduardo Padilla Quirno, médico psiquiatra, ha dedicado buena parte de su investigación a temas tan complejos para el alma y para el devenir de una sociedad como el debilitamiento de los vínculos entre personas e instituciones y la violencia en sus distintas manifestaciones.
Con una aguda sensibilidad entrenada en el campo de la terapia familiar y en el tratamiento de la violencia física, sexual o emocional, la experiencia convulsiva de la Argentina de principios de siglo lo indujo a trazar paralelos entre la sintomatología que el abuso emocional produce en las personas, especialmente en los niños, y un cuadro donde el objeto de estudio ya no es la persona, niño o adulto, sino la sociedad en su conjunto, caracterizada por depresión, desánimo generalizado, pérdida de la capacidad de una anticipación positiva de lo que habrá de suceder, sensación de falta de futuro, de mera supervivencia.
El hilo conductor entre ambas figuras es la teoría del attachment, del psiquiatra inglés John Bowlby, paradigma de vinculación que acompaña a los seres humanos toda la vida, y es una forma de conducta relacionada con la búsqueda de proximidad de una base segura en la que ampararnos. El punto inicial de ese ecosistema para el ser humano es la familia y, luego, la organización social más extensa. Cuando ese sistema se ve perturbado emocionalmente, se produce una patología social que presenta síntomas similares a los que los médicos encuentran en sus pacientes y en sus familias.
En un país donde las instituciones cayeron en el mayor descrédito, la consecuencia fue una ruptura del tejido comunitario, la pérdida o debilitamiento del altruismo y la solidaridad, el aumento de la agresividad, la irrupción de conductas desorganizadas y una regresión a niveles primarios de subsistencia, con relegación de los valores.
Este panorama llevó a Eduardo Padilla Quirno a describir hace más de una década una nueva patología, con una mirada puntual sobre la Argentina: el abuso emocional social.
Los argentinos venimos arrastrando desde hace mucho tiempo pesadumbre espiritual, angustia, abatimiento y una violencia moral que tan bien se refleja en estas páginas.
Carlos Nino, el gran jurista argentino muerto a los 50 años, en 1993, escribió un libro cuyo título es un fantástico ejercicio de síntesis para describirnos:

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