Mucho se ha hecho en la zona de la ruta provincial 53 en favor de los habitantes de Padre Lozano, Carboncito y Misión Chaqueña.
Pero hay también comunidades aborígenes esparcidas todo a lo largo de esa línea como La Esperanza, Misión Salim 1 y Misión Salim 2, que crían cerdos y cabritos a campo, los que ingresan a las fincas privadas vecinas.
Una de ellas colinda con las misiones nombradas y desde esa propiedad salen encargados a matar los chanchos y cabritos de los aborígenes.
Según las denuncias realizadas por los aborígenes en la Fiscalía Penal de Embarcación el 22 de agosto pasado, oficina a cargo de la doctora Lorena Martínez, hasta esa fecha son 65 los animales ultimados a tiros por personeros de la finca en cuestión, quienes, según los indígenas solo atinan a contestar que cumplen ordenes de su patrón de ultimar los animales que ingresen a esa propiedad, pero en la denuncia consta que en la actualidad no hay sembradíos de ninguna clase en esos campos.
Las denuncias
Héctor Orellana y Mario Molina, voceros de comunidad La Esperanza, hicieron público su caso en FM Panamericana. Los aborígenes reconocieron al aire que, hartos de perder sus animales secuestraron un acoplado de la finca, porque hicieron una denuncia en la Fiscalía el 22 de agosto y hasta la fecha no obtuvieron respuestas.
Y al mismo tiempo denunciaron que la misma fiscal Penal accionó de inmediato cuando un empleado de la finca denunció la desaparición del acoplado el 4 del corriente, por lo que dijeron sentirse discriminados.
La policía llegó a la misión y la cosa no pasó a mayores porque los naturales accedieron a devolver el acoplado. Por otra parte, los indígenas remarcaron que el propietario de esas tierras se apropió de manera indebida de unas 100 hectáreas que pertenecerían a las comunidades, lo que puede ser el principal factor de conflicto entre las partes.

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Sección Editorial

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jose prado
jose prado · Hace 1 mes

Como siempre estos indios vagos jodiendo y tratando de vivir de otros. El que tenga animales debe cuidarlos y ver que no entren en finca ajena, que no hagan daño, ni que molesten a nadie.


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