Suaves, delicados, aromáticos y con virtudes terapéuticas, los aceites esenciales son ideales para todo tipo de piel, incluso la de un bebé. Además, tienen un arsenal de componentes para nutrir y regenerar en profundidad: vitaminas, oligoelementos, fitohormonas y numerosos principios activos.
Para obtener una sola gota de esencia de rosas, por ejemplo, es necesario destilar los pétalos de treinta flores. Considerados verdaderos elixires desde la antigedad, hoy los aceites se incorporan a numerosos productos de belleza. La forma más simple de usarlos es diluirlos en un aceite vegetal, grandes protagonistas del cuidado de la piel. Al usarlos como base, bastan tan sólo unas gotas del aceite esencial elegido para aplicar la mezcla sobre la piel.
Los aceites esenciales puros no deben aplicarse directamente sobre la piel. Siempre deben añadirse a otro aceite natural y con una mínima cantidad es suficiente (la proporción indicada es del 3% para lociones corporales y del 1% para uso facial).
El aceite de almendras es para pieles muy secas, ásperas o con tendencia a escamarse. Los ácidos grasos y la vitamina E son los componentes estrella de este aceite. Su acción antioxidante estimula la producción de colágeno y elastina previniendo las arrugas y dando firmeza. Además, se recomienda para combatir la celulitis y evitar las estrías del embarazo.
El aceite de oliva es ideal para pieles normales, secas y muy secas. Muy efectivo como agente hidratante, se caracteriza por los polifenoles de su fórmula, sustancias que tienen la habilidad de controlar los radicales libres y reforzar el efecto reparador. También contiene triglicéridos, ácido oleico e hidrocarburos, que sumados a su dosis de vitamina E, lo convierten en un objeto cosmético de lujo. Resulta ideal en preparados para contorno de ojos, en mezclas exfoliantes, en lociones corporales tonificantes y en mascarillas para el pelo, ya que otorga suavidad y brillo a la vez que regenera las zonas dañadas. Mejora el aspecto de uñas y cutículas.
El aceite de sésamo se aplica en para pieles grasas y secas. Su base de metionina (un aminoácido esencial), lecitina y numerosas vitaminas y minerales hacen que sea un aceite todoterreno para combatir la flacidez, hidratar, depurar y reconstituir. Se destaca como bálsamo postsolar y estimulante de la circulación.
Una vez decidido el aceite base, es hora de elegir el aceite esencial. Ellos se encargarán de sumar su capacidad para eliminar las células muertas y regenerar la dermis en mayor profundidad. Además, gracias a sus fitohormonas, estimulan el metabolismo cutáneo y mantienen viva la piel.
La rosa mosqueta logra resultados espectaculares a la hora de restaurar pieles dañadas. Los especialistas lo aconsejan incluso en tratamientos postoperatorios. En su composición se destacan las vitaminas A y C, ácido linoleico y otros ácidos gamma, en un mix que estimula la producción de colágeno y dota de elasticidad y vitalidad a la piel. También reduce las arrugas y líneas de expresión, es cicatrizante, suaviza las estrías y las marcas de expresión. La lavanda es ideal para pieles grasas por su efecto regulador sebáceo. Rico en ácidos como el acético, butírico o valérico, y con una generosa cantidad de vitaminas, tiene poder reafirmante y rejuvenecedor. En pieles estropeadas garantiza resultados por su intensa acción regeneradora, ya que facilita el crecimiento celular. En caso de acné, ayuda muchísimo a desinfectar.
El argán es apto para todo tipo de pieles, este exótico aceite que procede de un árbol originario de Marruecos ofrece una altísima proporción de vitamina E.

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