Desde hace ya un par de meses, la Argentina ha venido experimentando una lluvia de anuncios de inversión por parte de diferentes empresas con intenciones de operar en el subexplotado mercado aerocomercial del país. Las interesadas se ubican desde la colombiana Avianca, hasta las europeas RyanAir y Norwegian Air. Sin embargo, y a pesar de los anuncios de empresas extranjeras, quizás lo más interesante sea el posible nacimiento de la primera línea aérea argentina de bajo coste denominada FlyBondi, la cual comenzaría a volar a fines del año que viene.
El rasgo en común que poseen todas estas empresas es que operan bajo un formato low-cost o de bajo coste, lo cual permite ofrecer servicios aéreos a precios sustancialmente inferiores a las aerolíneas tradicionales, haciéndolas particularmente atractivas para los consumidores. En los hechos, Argentina posee un mercado aerocomercial poco competitivo y desarrollado, donde concurre un muy reducido número de empresas. Debido a esto, los precios de los servicios aéreos en el mercado local resultan ser bastante más elevados que los de otros países de la región. Por otro lado, la estatización de Aerolíneas Argentinas en 2008 volvió aún menos competitivo el mercado debido a que desde entonces, la aerolínea de bandera no tendría como objetivo principal el maximizar sus beneficios sino que pasaría a tener primordialmente un rol social: la interconexión del país. Sin embargo y a pesar de las supuestas buenas intenciones del gobierno kirchnerista Aerolíneas Argentinas no ha logrado interconectar el país de la manera en que se preveía, y por encima de eso, desde aquel entonces ha operado con un déficit presupuestario millonario, siendo el de este año de alrededor de 500 millones de dólares. Debido a la magnitud del déficit presupuestario de Aerolíneas Argentinas, el Ministerio de Transporte kirchnerista implementó una franja de precios mínimos y máximos permitidos para vuelos de cabotaje. Si bien en el imaginario colectivo argentino, la instauración de un precio máximo es más que lógica ya que impediría que las empresas se abusaran de su posición cobrando precios elevados, ¿qué sentido tendría un precio mínimo? Si la intención de estatizar Aerolíneas Argentinas fue la de permitir que más gente pudiera acceder al mercado aerocomercial y tener una aerolínea al servicio del pueblo ¿El establecimiento de un precio mínimo no sería en última instancia exclusivo y antipopular? ¿No iría esto en contra del fin último de la empresa?
Posteriormente con la llegada de Macri a la Casa Rosada, se eliminó el precio máximo implementado por la gestión anterior, pero no se suprimió el precio mínimo debido a que, como Aerolíneas Argentinas tiene una estructura de costes demasiado alta, esta no puede operar por debajo de un valor determinado. Este precio mínimo sirve entonces para garantizarle a nuestra aerolínea de bandera un margen de ganancia.
¿Qué pasaría entonces si Aerolíneas Argentinas no fuera propiedad del Estado? En esa situación el Gobierno no tendría razón alguna para mantener este precio mínimo para los vuelos de cabotaje debido a que ya no tendría que proteger a una empresa ineficiente y de altos costes operativos. Por lo tanto, cabría la posibilidad de que se instalen en el país aerolíneas de bajo coste, las cuales apuntan justamente a un mercado de poder adquisitivo más reducido, el cual se ve excluido en la actualidad. Pero eso no sería todo, si se suprimiera esta arbitrariedad del gobierno, además de los miles de empleos que se generarían con estas nuevas empresas aerocomerciales -sin contar con el enorme impulso al sector turístico- se podrá lograr una verdadera interconexión del país, la cual perduraría en el tiempo y no dependería del presupuesto del Estado y de su capacidad para sostener déficit millonarios de empresas ineficientes. La Argentina tiene demasiados problemas económicos como para tener que soportar una empresa que le ha costado ya miles de millones de dólares a la Nación desde que fuera reestatizada. Ha llegado el momento de preguntarnos si queremos una aerolínea de bandera nacional pero para unos pocos privilegiados, o un vasto mercado aerocomercial competitivo y que sea inclusivo y beneficioso para todos. La disyuntiva será entonces, Aerolíneas Argentinas, ¿nacional o popular?

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