Uno de los puntos que destacó Nicolás Zenteno, defensor del Pueblo, en su alocución fue el problema de la contaminación de napas acuíferas que abastecen el agua de Salta. Mencionó solo al arsénico, con una participación desbordante en los componentes del agua salteña, al cual se agregan otras presencias tóxicas como el borato y el magneto.
En la zona sur de la capital, al retirarse una industria, se suspendieron pozos afluentes.
De todos modos, la situación del arsénico es exorbitante. Según un informe publicado por el equipo de investigación periodística de El Tribuno el 24 de octubre pasado, en Salta se supera hasta por 160 veces la cantidad de arsénico límite que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En Nueva Población, Rivadavia Banda Sur, se llega a 1,60 gramos por litro, pese a que la OMS recomienda 0,01, en razón de las consecuencias cancerígenas en las zonas donde se notó alta presencia de arsénico en el agua.
La contaminación con arsénico es consecuencia de causas naturales, de índole hidrogeológicas. Las enormes cantidades de cenizas volcánicas generadas en ciertos relieves fueron factor decisivo para la alta presencia de arsénico y otros elementos en las napas del territorio provincial.
No obstante ello, la depuración y garantía de la provisión de agua potable es de la Provincia, en tanto se trata de un servicio básico. Desde 2009, esa prescripción está delegada en la empresa Aguas del Norte.
La deficiencia a la que apuntó Zenteno, que también salpica a la Secretaría de Recursos Hídricos de la Provincia, es por la falta de acciones concretas para sortear este escollo que se presenta por causas naturales. El arsénico está considerado por la OMS, recuerda el equipo de investigación, como una de las diez sustancias más tóxicas.
El grupo de investigación del Iniqui (Instituto de Investigaciones para la Industria Química) de la UNSa diseñó desde hace algunos años un sistema de abatimiento para reducir los índices de contaminación. El trabajo de mitigación se inició en 2009, fue potenciado en un primer momento por las inyecciones materiales del Conicet y del Gobierno provincial, pero luego se detuvo el impulso inversor. Las acciones del Iniqui, entonces, se demostraron eficientes pero aisladas.
"Los módulos consisten en una serie de cisternas que tienen mantos de filtración rudimentarios constituidos con arena, carbón activado y una fase activa que es hierro aportado por materiales convencionales como clavos y alambres", contó en aquel momento la directora del Iniqui, Mónica Farfán. Esos equipos, subrayó la especialista, tienen capacidad para depurar entre 20 y 40 litros por día, cantidad suficiente para familias de hasta cuatro integrantes.
Farfán también advirtió que en el agua se están detectando presencias altas de otro elemento, tales como el flúor, lo cual acarrea daños irreversibles en la salud de niños y adultos.

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Sección Editorial

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