Iglesia, gobierno colombiano y estado mayor de las FARC, se darán cita en Cartagena, hoy a la cinco de la tarde, hora de Colombia, para sellar el acuerdo de paz entre la guerrilla y las fuerzas armadas de ese país. Luego, a los treinta días, se debe legitimar la paz por medio de un plebiscito popular. Conseguida la legitimación, el acuerdo finalizará definitivamente un conflicto que duró cinco décadas. El plebiscito del "Sí" permitirá que los niños y niñas de Colombia estén más seguros.
Los integrados por voluntad propia a la guerrilla o los que fueron obligados a hacerlo, pueden pensar que en Colombia todos los niños ahora, solo podrán jugar y estudiar, llegó la paz.
Se desconoce todavía cuántos niños y niñas militarizó las FARC para combatir en la selva colombiana. El número se borró en el acostumbramiento cotidiano a un conflicto que mezcló la política con la malicia ideológica.
Los que pusieron el cuerpo para la guerra también fueron niños, sea inducidos a matar por venganza si algún familiar murió enfrentando al ejército o, lisa y llanamente, por tener el ideal del soldado triunfante.
Las FARC se llevaban por la fuerza o con falsas promesas a sus padres, a miles de niños y jóvenes, muchos no conocieron otra vida que la de la violencia del conflicto inclusive, sufrieron la explotación sexual. Lo notable es que los niños y las niñas crecieron en reclutamiento y llegaron a ser mayores de edad. Para Unicef les robaron su infancia y los educaron en la violencia y la delincuencia, otro capítulo del mal en la selva colombiana.
El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar dijo que desde 1999 hasta 2015 su programa de atención especializada para niños, niñas y adolescentes desvinculados de los grupos armados atendió a 5.730 menores.
El Grupo de Atención Humanitaria al Desmovilizado, del Ministerio de Defensa de Colombia, informó que en ese mismo lapso han sido recuperados 5.474 niños. Por su parte, la Defensoría del Pueblo reportó que desde 2004 hasta 2014 se han emitido 246 informes de riesgo, en los cuales se enumeran amenazas o casos de reclutamiento en 470 municipios de Colombia.
La guerrilla colombiana optó por la globalización narco financiera que proviene del tráfico de cocaína. En politicología se observa una relación: a medida que la caída de los ideales transforma a las guerrillas en un discurso vacío dentro del campo ideológico, estas formaciones mutan para ser fábricas, distribuidoras y tesorerías de la droga.
Los niños y niñas de las FARC son mano de obra de un narco capitalismo que propicia el uso y abuso de la infancia para sus fines utilitaristas. Y esto puede ocurrir porque en la actual civilización relacionada con la sustentabilidad de la toxicomanía, todo está permitido.
El chico guerrillero encarna la repetición de la pulsión de muerte de los que lo condujeron al combate, también sostiene la crueldad infantil inyectada al servicio del narco capitalismo, con la particularidad de que algunos son niños neuróticos de guerra porque no concilian el "yo de paz" del sujeto con su "yo de guerra"; es decir, que estos chicos y chicas no pueden integrar lo real del horror del conflicto con la otra parte de la sociedad colombiana que crea y construye, lo que les desquicia el psiquismo.
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