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Al equipo le quedó grande la final y demostró ser de la B
Sin alma, sin sentimiento, con un juego de potrero y sin rumbo fijo, Central Norte demostró ayer en el estadio Martearena que realmente no merecía el ascenso deseado por los miles de hinchas que le dieron todo su apoyo, que lejos se puede confundir con presión, y que terminaron con una gran ilusión completamente destrozada.
Quizás hasta se hace inexplicable que el juego mostrado hace una semana en Mendoza sellaría en nuestra provincia un lugar para competir junto a Gimnasia y Juventud. Pero no fue así.
Las 17.000 almas que acompañaron al equipo ayer, como los miles de socios que cosechó en una buena campaña, hacía pensar otra final para esta película.
Le pesó mucho la gloriosa camiseta azabache, y hasta las decisiones del técnico mostraron una improvisación que no debería existir en una final de campeonato.
Y ahora, de qué se disfrazará la dirigencia que demostró una mayúscula mediocridad a la hora de la verdad.
Tal vez intentaron mostrar que no están tan alejados de la misma mediocridad de otros clubes salteños que permanentemente solo venden humo a sus socios y a la hinchada. Ahora están de más las lágrimas y los lamentos. Ahora hay que volver a comenzar. Podría haber sido otro el final, pero ayer, justamente ayer, no lo demostraron y volvieron a defraudar.
Será largo el descanso hasta agosto próximo cuando vuelva a iniciarse el Federal B 2017 y se hablará de todo, desde cambios hasta "inversiones" en nuevas estrellas, quizás iguales a las que ayer se apagaron.

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