"En la Isla de los Estados, una isla deshabitada de la Patagonia argentina, donde se confunden los océanos Atlántico y Pacífico, habita una banda de piratas dirigidos por el terrible Kongre. Estos piratas se dedican a atacar embarcaciones que encallan en la zona". (El faro del fin del mundo, 1901).
Más de un siglo después de aquellas elucubraciones literarias del eterno Julio Verne, y ya sin piratas, el salteño Alberto Espinosa eligió vivir cerca del mítico e imponente vigía. Y a más de 4 mil kilómetros de su casa del barrio 20 de Febrero. Es oficial de marina. Desde mediados de diciembre, y por 45 días, estuvo al frente del grupo que cumplió el habitual turno de 45 días en el puesto de control marítimo Comandante Luis Piedrabuena, que la Armada Argentina tiene en la Isla de los Estados, en el extremo sur argentino. El último punto con presencia humana en ese lugar, la última manifestación de la cordillera de los Andes en el continente americano. Fue "una experiencia única e impagable", sintetizó el marino en una charla con El Tribuno días pasados, antes de volar de regreso a Ushuaia, y luego de haber pasado varios días de vacaciones en Salta.

Fiestas bajo cero

En diciembre, Alberto sabía que tendría que relevar el puesto de la Isla, en el puerto Parry. Junto a tres compañeros llegaron el 14 de diciembre y se quedaron hasta el 26 de enero. Pasaron las dos fiestas de fin de año, los cuatro solitos, en la inmensidad de un paisaje impar y con la convicción de que en ese lugar debían estar en ese momento, muy cercanos al Faro del Fin del Mundo, ubicado en el extremo norte del pequeño territorio.
"Vuelvo a Ushuaia con todas las expectativas este año"
Ahí, en verano, la luz natural alumbra desde las 4, con el comienzo del amanecer, hasta las 11, cuando recién empieza a anochecer. La actividad del grupo de marinos giró en torno de la limpieza de las dos casas y el taller, la preparación de la comida, el mantenimiento de generadores, adiestramiento físico a la tarde (optativo). Después, tiempo libre sin una muy variada carta de opciones (ver películas, jugar a las cartas, caminar).
"En el sur, el clima cambia constantemente; en un día se pueden tener todas las estaciones", dijo el joven . Y graficó: puede hacer 12 o 13 grados, que es bastante caluroso para esa latitud, y a los 5 minutos nevar.

Marinero de tierra adentro

Alberto es oficial de marina, teniente de corbeta de Infantería de Marina. No tiene antecedentes familiares vinculados con la Armada, en cambio, ahora tiene seguidores: una de sus hermanas es oficial de enfermería y está destinada en Bahía Blanca. Su familia se completa con otra hermana, próxima a recibirse de abogada en la Universidad Católica, mamá y papá.
"El 13 de marzo cumplió 29 años. Ese día, gran festejo "a lo salteño"
El joven estudió en la Escuela Naval de Ensenada, La Plata, donde también se recibió de licenciado en Recursos Navales. Tras egresar de la Escuela Técnica 2, Alberto se inscribió en ingeniería electrónica en la Universidad Nacional de Salta. Cursó dos años y "no me iba mal", pero el tema de los infantes de marina volvía a ocuparle el pensamiento con marcada recurrencia. Había intentado entrar en la Armada dos veces y por distintas razones no pudo. Pero la tercera fue la vencida para él. Tenía 21 años cuando dejó Salta para ingresar en la Escuela Naval donde estudió cuatro años, y luego uno más en la Fragata Libertad, aunque demorados un año por el problema que hubo en Ghana (la histórica embarcación, emblema de la Marina nacional, estuvo 77 días retenida en el puerto africano -desde el 2 de octubre de 2012- por los reclamos de los denominados fondos buitre). Igual, la promoción pudo hacer el tradicional viaje, esta vez por Sudamérica y El Caribe, con siete veleros más de toda Sudamérica. Cuando volvió, Alberto egresó de la Escuela con el premio Francisco de Gurruchaga por ser el salteño con mejor promedio. Fue destinado a Puerto Belgrano (Bahía Blanca), donde estuvo un año. El año pasado pasó a integrar el Batallón 4 de Infantería de Marina, con sede en Ushuaia, "donde nos alistamos y nos mentalizamos para la defensa del país".
Y, a propósito de la defensa del país, es imposible pasar por alto la guerra de Malvinas al hablar con un marinero argentino. Alberto prefiere no hablar del tema, solo dijo: "Cuando pienso en la guerra de Malvinas siento orgullo por el patriotismo de la gente de esa época. Es muy duro allá".
Alberto habla con énfasis de su trabajo, de su destino en el sur, de su profesión militar y de su amor por la Armada.
No sabe por qué un día empezó a admirar a los infantes, pero entendió con el paso del tiempo y de las circunstancias que eso es lo que quería ser cuando niño. "El año pasado fue excelente. Vamos por más en este que empezaré en estos días", le dijo a este diario horas antes de partir al helado destino que por suerte pudo encontrar. Y disfrutar.

El equipo de intrépidos

La Isla de los Estados tiene solo 500 metros de ancho; en su punto máximo alcanza 16 kilómetros. Tiene 65 kilómetros de longitud y se eleva unos 800 msnm antes de hundirse en el mar. En esas condiciones vivió el grupo que dirigió Alberto, como oficial de marina. Con él compartieron un cabo primero maquinista (encargado de los generadores de luz); una cabo primero enfermera (trabaja en el hospital naval de Ushuaia) y un marinero que iba como tropa.

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