Tiene 59 años, es padre de cinco niños más uno que viene en camino. Nació en Buenos Aires, pero por diferentes proyectos trabaja desde 1979 con las comunidades wichis en Salta. Hoy construye pozos de agua y huertas, representado a la Fundación Siwok. Los resultados de su trabajo son una muestra de que con perseverancia se puede llegar a todos lados. Ivonne, su esposa, cansada de verlo deambular por las instituciones oficiales, lo inscribió en Abanderados Argentinos. Hoy tantos años de trabajo salen a la luz. "Esto permite que alguien, en algún lado, levante la cabeza, mire y se pregunte: ¿Por qué no atienden a este hombre cuando tiene resultados?", dijo con entusiasmo Alejandro a El Tribuno.
"Espero que tal vez alguien se anime a copiar lo que hacemos y se anime a invertir", resumió en pocas palabras su mayor anhelo.
¿Cuando surge la Fundación Siwok?
Surge por la necesidad de tener una entidad legal. Yo ya veía trabajando desde 1979 con las comunidades wichis. Pero en 2002 surge la Fundación para poder gestionar créditos y tener personería jurídica.
¿Cómo es el trabajo con las comunidades wichis?
Doy capacitación a referentes de las comunidades wichis y ellos, a su vez, capacitan a sus comunidades. Los años te enseñan que se debe trabajar de esta forma para que realmente los proyectos funcionen. No se debe pensar que uno es el que debe pasar el mensaje. Desde la Fundación tenemos un grupo de líderes wichis capacitados, cada uno con un teléfono celular, que les permite estar conectados y yo con la camioneta llevo lo que se necesita. Consigo las semillas, cañerías, tanques y demás para poder concretar los proyectos.

¿Cuál es el sueño que persigue?
Mi esperanza es que ésto, que es chico, se viralice. Que las instituciones oficiales lo tomen como un ejemplo de trabajo y que inviertan, que capaciten. Muchos han querido trabajar con estas comunidades y todo fracasa. Y de hecho, cuando empecé con esto me dijeron: "Va a fracasar".
Pero los hechos demuestran lo contrario...
Cuando empecé me dijeron: "Vos sabés que el 100 por ciento de los proyectos con cazadores-recolectores fracasan". Y me lo dijo alguien con un doctorado. No soy un administrador, mi idea es buscar una solución. No quedarse con esto de que no se puede.
¿Cuáles fueron los primeros proyectos?
Uno de ellos fue el trabajo con artesanías. Cuando empecé me dijeron que no iba a andar. Lo intenté igual y anda hasta ahora. Las artesanías de las comunidades wichis hoy están en todo el país. Pero esto se logró porque no nos atamos a un libreto, esto permite hallar soluciones. Por la época en que llegué a Salta, me encuentré con un joven que traía para vender piezas talladas. Me encantaban y me di cuenta de que había una opción para trabajar con las comunidades. En aquella época la agricultura era una práctica que dependía mucho de afuera y, de hecho, se terminó de un día para otro con la guerra de Malvinas. Veintiséis personas salieron en un día del proyecto anglicano. Los que quedamos, estábamos solos. Fue cuando me volqué al trabajo de las artesanías y lo hice solo.
¿Cómo fue eso?
Me instalé en Salta y viajaba una vez por semana a las comunidades llevando las herramientas para tallar la madera en mi bolso. Lijas, morsas, escofinas... No había luz en esa época. Trabajé básicamente en Misión Chaqueña, sobre la ruta 56. Y descubrí que esos mismos artesanos habían sido instruidos por un misionero inglés, a quien los wichis le decía Ukuq. Era un constructor que sabía hacer botes y tenía abejas. Se usó esto para poder seguir creciendo. Hoy en Misión Chaqueña hay artesanos que podrían hacer un violín, porque son exquisitos. Mientras, yo les buscaba mercados para la venta y además había que cuidar el producto para que no lo copien. Es un trabajo muy pesado, porque acá no hay nada registrado.

¿Cómo es el proyecto en el que trabaja ahora?
Luego de la muerte de una niña de 3 años por problemas de alimentación mientras sus padres trabajan en una finca donde lo que se producía eran alimentos, pensé qué hacer. En la misma época recibí una donación y conseguí semillas de maíz. En ese momento desconocía la conexión del maíz con la comunidad wichi. Luego pensé en la forma en que mi madre regaba el jardín de casa. Era por goteo y con todo eso nació el proyecto de las huertas en las comunidades wichis. La primera vez que lo aplicamos fue con el apoyo de profesionales del Hospital Británico de Buenos Aires, que todos los años viaja al Pilcomayo para recorrer la zona y asistir a las comunidades wichis desde La Puntana, Puntana Chica, La Curvita, Santa María, Pozo La Yegua, Cañaveral, San Luis, El Arenal, Pozo de Tigre, toda esa región. Desde septiembre a abril de 2014 a 2015 trabajamos con el objetivo de que 45 familias tengan sus cultivos. Al final fueron más de 90, todas cerca de Misión Chaqueña, y otras 60 familias en Formosa. Hay que destacar que no estamos inventando la siembra en estas comunidades. Los abuelos de estas comunidades tenían su cerco sembrado, pero con alto riesgo porque así es el Chaco salteño. Lo que se debe hacer es bajar los riesgos.
Qué puede decirles a las instituciones que fracasan repetidamente con las comunidades wichis...
Creo que la forma de trabajar con estas comunidades es salirse de los esquemas.
Es salir de la estructura en la que creciste para entrar en un esquema totalmente diferente...
Claro. Cuando se viene de afuera, se cree que actúan como nosotros y no es así. Entonces el secreto está en adaptarse uno a ellos y no ellos a nosotros. Lo que hace la diferencia es que uno debe estar atento a variar el rumbo en función de sus necesidades para lograr el objetivo. Y pensar que si te equivocás, es tu culpa, no le eches la culpa a ellos. Hoy lo que pasa es que instituciones con buenas intenciones son teóricas. Les dan proyectos y fracasan, otros se lo meten al bolsillo, no administran. Ahora me pregunto: ¿Quién tiene la culpa? ¿El chancho o quien le da de comer?

Para estos programas no se necesitan millones...
No. Con una noche del escenario que ponen en el Paseo Gemes nosotros podemos construir 20 bombas de agua. No es que no están los recursos, lo que pasa es que no están las prioridades bien puestas. No se puede salir de esta situación sin inversión y sin evaluación. Hoy las instituciones que tienen estructura: computadoras, camionetas, personal, deben mostrar los resultados de su trabajo. No vemos los resultados y esto duele porque nosotros no tenemos estructura pero tenemos choclos, tomates, ancos, tenemos algo para mostrar. Hicimos 18 invernaderos para producir tomates durante el invierno. Y lo hicimos al fiado.

¿Tuvo alguna respuesta desde las instituciones oficiales a sus pedidos?
Cuatro veces pedí una reunión con el gobernador. Las cuatro veces me pasó con personas, con muy buenas intenciones, pero que no toman las decisiones. Solicito que por favor me atienda el gobernador porque la situación lo merece.

Cómo votar en Abanderados
Abanderados es un premio anual que reconoce a aquellos argentinos que se destacan por su dedicación a los demás, y difunde sus vidas para que su ejemplo inspire al resto de la sociedad.
A partir del 6 de noviembre y hasta el 22 de noviembre se podrá votar al Abanderado del Año. El más votado recibirá $250.000 en premios para su obra.
Cualquiera podrá participar con su voto: el único requisito es contar con una casilla de correo o cuenta en Facebook. La votación se deberá realizar desde http: //www.premioa ban derados.com.ar/, y cada persona podrá votar solo una vez. La emisión de la Gala de Premiación, que será el 29 de noviembre en el prime time de El Trece, se dará a conocer al Abanderado del Año elegido por el público. Una vez más un salteño compite en esta terna de solidarios.








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