Es una fuente de energía inagotable y saludable para todos los seres vivos, sin embargo, puede convertirse en un enemigo a la hora de exponer la piel si no se la protege.
¿Playa o montaña? La reflexión de la radiación es diferente según la superficie donde uno se encuentre. Se calcula que hay 20 por ciento de reflejo en el agua y en la hierba, y 25 en la arena. En la montaña, a mayor altura, la atmósfera es más delgada, en consecuencia, la intensidad de la radiación UV aumenta 10 a 12 por ciento por cada 1.000 metros. La nieve no perdona. Refleja hasta 80 por ciento de la radiación UV. Por eso se aconseja utilizar manteca de cacao en los labios y un protector solar con factor 65, 80 o hasta 100. Por otra parte, hay que tener cuidado con los días nublados. La acción de los rayos solares también puede ser indirecta.
Las horas prohibidas. Se aconseja no exponerse entre las 10 y las 16, ya que la radiación UV es más dañina, ya que incide en forma perpendicular sobre la superficie terrestre, haciendo que los rayos caigan directamente sobre la piel y aumenten las posibilidades de generar quemaduras en períodos de tiempo menores que durante los horarios permitidos.
Identikit de un buen protector. Los protectores solares tienen compuestos físicos que reflejan, dispersan y bloquean los rayos UV impidiendo su penetración. Y, además, tienen compuestos químicos que absorben las radiaciones. El protector debe ser para UVB (indicado con el FPS) y también UVA, y se debe preferir los que son a prueba de agua.

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