La ecoaldea Aluna acaba de celebrar su primer año de existencia en una finca ubicada en cercanías de El Potrero. Sus integrantes son jóvenes argentinos y extranjeros que promueven prácticas autosustentables de respeto por la naturaleza, la conexión con los conocimientos de antaño y el intercambio con la comunidad local.
Estuvieron presentes en la feria de pequeños productores, ofreciendo sus productos artesanales, y El Tribuno dialogó con sus integrantes para conocer su filosofía de vida.
Tamara Rufolo (29), una de las fundadoras del proyecto y oriunda de la provincia de Buenos Aires, explicó cómo surgió la idea: "Aluna surge como un proyecto agroecológico en el cual un grupo de personas nos juntamos a compartir nuestra visión. Casi todos éramos de contexto de ciudad. En ese marco, habiendo crecido con los ruidos, lo urbano y estando excluidos de la naturaleza, quisimos una búsqueda de reconexión con uno mismo".
"Entonces surge un espacio para aprender, intercambiar conocimientos, relacionarnos con lo local, con la gente que llegue, y generar un espacio que sea como una escuela viva en la cual aprendamos desde el hacer nuestra comida, nuestra casa, nuestra ropa, artesanías y productos naturales, que podemos vender en las ferias que se están realizando", describió.

Algunos integrantes

Maelis Pouzet es de Francia. Tiene 23 años y cuenta que estaba un poco cansada de la gran ciudad y quería estar más cerca de la naturaleza. "Me gusta aprender a sembrar y cultivar productos orgánicos. Producir nuestra propia comida siendo más ecológicos", dice. La joven estudió en su país la carrera de Desarrollo Internacional. "Está relacionado con lo que hago pero es mucho más teórico. Consideraba que le hacía falta algo más práctico y por eso decidió venir a Latinoamérica", señala.
A su vez, contó que se va a quedar en la aldea hasta fin de año. "Tuve que trabajar y ahorrar dinero para hacer lo que hago. Mis padres me ayudan pero solamente para cuestiones de estudio. Para proyectos personales no. Sin embargo, acá solo gasto en los viajes porque en comida y alojamiento no, ya que lo intercambiamos por trabajo en la aldea", contó.
Maelis viaja sola por el mundo desde muy chica y eso sorprende. "La primera vez que vine tenía 19 años. Sin embargo, allá la cultura es distinta. Salimos de nuestras casas mucho más temprano que acá. Los jóvenes son más independientes y los padres más permisivos. Es una cultura distinta. También hay muchos sistemas de intercambio, lo cual favorece que vengamos para aquí y los latinos viajen para allá", describió.
Charlie Ohayon tiene 22 años y también es de Francia. "Vine de Bolivia donde estuve un mes. Voy viajando solo. La gente latinoamericana es muy amable. Los europeos somos más fríos e individualistas. Trabaje 3 años en carpintería para viajar a Latinoamérica a realizar esta experiencia. En Francia hay mucho trabajo", dijo.
Aina Pinyol tiene 25 años y es de Barcelona (España). Profesora de Lengua, salió de su casa a comienzos de año a conocer lugares y culturas. "Al principio viajé sola y después con mi novio. Con él a veces estamos separados y después nos volvemos a encontrar", expresó.
La joven española dijo: "No sé cuándo volveré a mi casa, no tengo apuro. Con respecto a mi familia al comienzo fue un poco duro. Lo más difícil fue que te despidan porque no saben cuándo te van a volver a ver. Yo les dije que en unas semanas volvía y ya llevo 10 meses".
"Estaban asustados por la inseguridad en Latinoamérica. Pero una vez que llegas aquí te das cuenta que hay mucho mito", concluyó.

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