Roxana lo conoció a través de la red social. Él insistió para que estén cara a cara y ella no lo dudó. La primera cita fue todo una pesadilla. El internauta de otro país trajo la idea del crimen.
El amor on line está basado en la imagen del otro. Es la forma imaginaria por la cual la subjetividad actual está electrónicamente en conectividad con el otro. No hace falta la piel. Lo curioso es que ese amor vivido en la red, echado a su suerte en una aldea global, es seductor.
Si la dama o el caballero en soledad que se insinúan no son conquistados por internet, para ellos el amor no existió. Así de definitivo.
La dama o el caballero buscan "internetnautizar" a fondo, o sea flecharse entre ellos para la complacer el goce de sus miradas.
El voyeurista que no quiere velo en la pantalla es el síntoma social, se conoce en la clínica psicoanalítica su estrategia de cazador astuto.
Internet aloja la soledad sentimental de cada uno y vía módem permite "el" contacto de la vida. Ella o él, capturan el deseo del otro: ser el elegido en el monitor. Todo un escarceo digital, pero no con palabras puestas cerca, muy cerca de la oreja, nada corpóreo, solo estelarmente pensado en imágenes.
El amor imaginario que transita la banda ancha, muestra los signos de haber descubierto el yo ideal, inclusive, el otro cliquea un "me gusta" o cualquier ícono que discursee el alborozo y el frenesí. No importa que sea penalmente reprochable.
Así es hoy el anudamiento del amor entre temerarios y solitarios que pueden correr el riego del hallazgo infeliz si la elección de pareja resulta un desencuentro. Muchos se conforman con los señuelos y el lazo de la ilusión y la promesa. Las sombras de internet están listas para los incautos y los superados, también.
En el caso de Roxana, ella se salvó. Los vecinos escucharon los gritos de la víctima y llamaron a tiempo al 911.
.
.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora