La mayoría de los argentinos ignoramos que 1816, año que el Congreso de Tucumán nos declaró independientes, fue uno de los peores de los casi 12 años de guerra.
Para muchos, 1816 se agota con la declaración del 9 de julio, pero desconocen los duros reveses que las Provincias Unidas sufrieron en ese lapso; contrastes que en un determinado momento pusieron en riesgo el futuro de la Revolución.
Y no solo se sintió en el plano militar sino también en lo económico, hecho que causó una alta deserción entre los soldados.
Las Provincias Unidas venía de una terrible derrota sufrida en Sipe Sipe (Rondeau, 29/11/1815). Ello trajo como consecuencia que asomara de nuevo en Salta y Jujuy la posibilidad de una invasión por parte del victorioso ejército realista estacionado en el Alto Perú. Y por si fuese poco, ya se sabía que de España había partido una expedición armada integrada con las mejores tropas del mundo de ese momento. Eran nada menos que las que acababan de derrotar a los afamados soldados del gran Napoleón Bonaparte.
De todos modos y al decir de Mitre, "el año 1816, fue un año de reparación, de recomposición interna...". La incipiente guerra civil de 1815, había quedado atrás luego de firmado el Pacto de los Cerrillos, el poder estaba en manos de un director supremo (Pueyrredón), el Ejército de los Andes que debía invadir Chile estaba en plena organización bajo la conducción de San Martín; mientras que el Ejército del Norte, al mando de Belgrano, permanecía en Tucumán, cumpliendo eficazmente la misión de apoyar la vanguardia que operaba en Salta y Jujuy bajo la exclusiva responsabilidad del gobernador Martín Güemes.

El Ejército del Norte

El Ejército del Norte o del Alto Perú, estacionado en Tucumán desde junio, solo tenía 2.700 soldados y aún sentía la derrota de Sipe Sipe. La parálisis le causaba graves daños disciplinarios, morales y militares. Además, estaba sumido en la pobreza pues todos los recursos disponibles eran derivados al Ejército de los Andes.
Belgrano en persona habla de esto cuando en octubre de 1816 escribe al Gobierno, y le dice: "Yo mismo estoy pidiendo prestado para comer. La tropa del gobernador Güemes está desnuda, hambrienta y sin paga, como nos hallamos todos...".
El 5 de octubre de ese mismo año, Güemes le escribe a Belgrano: "Dentro de tres días me vuelvo a Jujuy, y pasaré por la vanguardia para visitarla y hablarla, consolándola en sus necesidades. Yo no tengo un peso para darles ni como proporcionarlo, porque este pueblo es un esqueleto descarnado, sin giro ni comercio. Me falta paciencia y a veces pienso tocar otros medios más violentos. Al cabo de dos meses pude socorrer a aquella infeliz tropa con cuatrocientos pesos, que no le tocaría ni a dos reales. En fin, vamos trabajando que quizá mejore el cielo sus horas".

"Trabajaremos con empeño y con tesón"

En una carta a Belgrano, Güemes habla de quienes quieren enemistarlos.
Pero no solo los ejércitos realistas y la pobreza acosaban a Belgrano y Güemes. También estorbaban, y bastante, los que querían que se rompa la relación que unía a ambos hombres.
A tal punto llegó la campaña de cizañas que, el 6 de noviembre de 1816, Güemes le envió a Belgrano una misiva diciéndole: "Hace usted muy bien de reirse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento, porque en todas partes tiene fijado su buen nombre y opinión. Por lo que respeta a mí, no se me da el menor cuidado; el tiempo hará conocer a mis conciudadanos que mis afanes y desvelos en servicio de la Patria no tienen más objeto que el bien general.
General Manuel Belgrano
General Manuel Belgrano 
General Manuel Belgrano
Créame, mi buen amigo, que este es el único principio que me dirige, y en esa inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Güemes es hombre honrado; se franquea con usted con sinceridad; es su verdadero amigo y lo será más allá del sepulcro; y se lisonjea de tener un amigo a un hombre tan virtuoso como usted.
Así, pues, trabajaremos con empeño y tesón, que si la generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados".
Y como dijo Güemes, su amistad con Belgrano duró hasta más allá del sepulcro. Nada ni nadie la pudo romper después de 1816, pese a que no fueron pocos los que lo intentaron.
En plena guerra, piden a Güemes que rinda cuentas
Belgrano hace de intermediario entre el Gobierno y Güemes.
Luego de los reclamos de Belgrano y Güemes, Buenos Aires se apiadó y, a mediados de octubre, envió $16.000 a Tucumán. De eso, Belgrano debió partir $3.000 para Salta. Pero advirtió a Güemes que debía elevar al Gobierno "un estado prolijo de fuerza, armamento, caballerías, municiones, posición de la masa general, puntos de destacamentos, líneas de comunicaciones, para que con este detalle formar un cálculo exacto a fin de proveer las necesidades de su divisiones".
No era la primera vez que le pedían a Güemes, por intermedio de Belgrano, una encubierta rendición de cuentas, que siempre caía en saco roto.

El lomo de su caballo

Como dice Mitre, "bien sabía Belgrano que Güemes no se los podía dar; su cuartel general ambulante era el lomo de su caballo; su plan, su estado de fuerza y su distribución, que variaba con las exigencias del momento, estaban en su cabeza; y todo su archivo cabía en el bolsillo de su secretario Toribio Tedín, quien redactaba en medio del campo las cartas, que él firmaba con una rúbrica garabateada, sin tomarse el trabajo de leerlas muchas veces".
De todos modos, Belgrano le hizo llegar a Güemes la petición del Gobierno, a lo que el gobernador respondió: "Inmediatamente que me desprenda de las complicadas atenciones que me rodean, daré a usted un estado exacto de las fuerzas de mi mando; con este motivo pondremos un tapón a los teclistas de Buenos Aires que no tienen más objeto que enredar; pero ellos caerán algún día del burro y verán que solo trabajamos para el bien de todos".
Demás está decir que Güemes jamás elevó a Buenos Aires informe alguno. Es que Salta en pie de guerra no cabía en hojas de papel, ni tenía nada que ver con los estados mayores de los grandes ejércitos formales. A Güemes, luego del Pacto de los Cerrillos, y desde antes también, se le había encomendado la defensa de este territorio, y él sabía que en esa empresa solamente tenía dos caminos: alzarse con la victoria o morir en el intento. Por eso estaba dispuesto a echar mano a cualquier medio y ventaja que le dieran las circunstancias o la geografía del lugar.

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Sección Editorial

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isabel sanchez rioja
isabel sanchez rioja · Hace 1 mes

Conocer nuestra historia salteña nos lena de orgullo y nos exige tomar la posta dejada por Guemes para hacer de nuestra provincia una provincia sostenible desde los valores y desde trabajo genuino.


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