Días atrás, el exministro Roberto Lavagna, al ser consultado sobre si le aconsejaría algo en especial al presidente Mauricio Macri, contestó: "Que ya mire hacia el 2018".
Argentina y sus dirigentes políticos están tan acostumbrados al espejo retrovisor que suena mágica la recomendación de mirar hacia el futuro, aunque este sea muy inmediato. La ausencia del llamado para acordar en los grandes temas nacionales chorrea tozudez. La semana pasada, en la Cumbre del mini Davos, quedó nuevamente demostrada la comprensión que tiene el Presidente sobre la importancia de abrirse al mundo. Resulta incomprensible que no observe la necesidad de hacer lo propio fronteras adentro.
Sucede que muchos ciudadanos quisieron darle su confianza para salir de un calvario pero no deseaban entrar en otro. Podríamos concluir que la expresidente Cristina Kirchner se obcecó en cerrarse al mundo, salvo con Venezuela e Irán y que el presidente Macri se obsesiona abriéndose al mundo, pero cierra las puertas al diálogo social. No obstante, el Presidente está a tiempo de reflexionar, dado que el entusiasmo que él divisa en el exterior, de no cambiar su actitud interna, podría desentusiasmar a los ciudadanos.
Para decirlo en términos futboleros, el Presidente no debe encerrarse en su equipo, necesita conducir la selección nacional. La inseguridad asoma con dos caras: una, la personal, rápida y clara; si falla la que el Estado debe proporcionar, representa la vida o la muerte, un instante. La otra es la inseguridad laboral, tener o no trabajo, que también es responsabilidad final del Gobierno, es vivir o no en lenta agonía entre una vida vivible (trabajo) o pasar a engrosar filas de desocupados, sólo respirar, no vivir.
El Presidente tiene un problema que tal vez hoy le esté impidiendo la tan ansiada concertación social: le cuesta hacer concertar a su gabinete y a sus socios políticos.
Otro de los aspectos que se observa es la mora en la concreción de determinadas políticas. Si este accionar perteneciera al ámbito privado, se catalogaría como ineficiencia, pero, como estamos hablando de un país, la mora deja de ser ineficiencia para convertirse en daño social.
Finalmente, a instancias de la Corte Suprema de Justicia, se realizaron las audiencias públicas fijadas por la ley en el tema tarifas de gas. Hubo 373 anotados como expositores, que podríamos dividir en cuatro grupos. Uno formado por el ingeniero Juan José Aranguren, las empresas petroleras y licenciatarias, y el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), que intentaron explicar la situación del sector y los errores de los últimos 15 años. Luego, un grupo disperso, con propuestas, preocupaciones y cuestionamientos específicos. Y dos grupos restantes orientados al show político: uno de izquierda, con cuestionamientos ideológicos, y otro sector ligado al gobierno anterior, como Axel Kicillof, con críticas más bien políticas a la actual gestión. El sentido de la audiencia era, por un lado, conocer cuál es el precio en boca de pozo que debe pagarse en Argentina, cuánto de ese precio debe subsidiar el Estado y cuánto pagar los usuarios.
El Gobierno pudo haber realizado esta convocatoria en febrero e incorporar en forma temprana algunas ideas finalmente incluidas en la actual propuesta como la que, en noviembre del 2015, expresara el doctor Raúl Bertero, presidente del Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria Energética, cuando sugirió incluir la gradualidad en el aumento del precio del gas en boca de pozo hasta el 2019. A propósito, el ingeniero Bertero ha realizado un estudio técnico cuya conclusión es: "El país cuenta con los recursos naturales para alcanzar un funcionamiento óptimo del sistema de gas natural en seis años. Este funcionamiento implicaría contar con gas nacional para abastecer toda la demanda interna fuera de los picos invernales, con gasoductos funcionando a pleno y utilizar GNL regasificado cerca de la demanda de Buenos Aires como peaking en el invierno. Esto se podría lograr con precios de gas y tarifas a los usuarios decrecientes a partir del año 2022, asegurando un abastecimiento energético seguro y abundante para las futuras generaciones y un precio de la energía que permita a nuestras industrias tener una ventaja competitiva en el mercado mundial".

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