La semana pasada los salteños fuimos testigos de una serie de cuestionamientos a la Policía por faltas, muy graves algunas, que se detectaron en ciertos integrantes de la institución, la corrupción, el narcotráfico y los apremios ilegales, fueron los ejes de las críticas.
Se presionó a las más altas autoridades del área y se cumplió a rajatabla el protocolo establecido para estos casos, comparendo en las cámaras, explicaciones en los medios, promesas de purgas y sanciones en los cuadros, generalmente al "voleo" como para dar respuesta inmediata a los reclamos; luego vendrá una relativa calma hasta que nuevos hechos sacudan la modorra también parte, parecería, del quehacer cotidiano.
Digo yo, en mi ignorancia, ¿no será hora de tomar en serio la cuestión de la seguridad y dejar de copiar recetas ineficaces ensayadas desde Córdoba hacia el sur?
Desde mi punto de vista, y nuevamente disculpas por mi escaso entender, creo que lo que está sucediendo en nuestra Policía es consecuencia de ciertas medidas adoptadas hace cuatro o cinco años atrás. Actuaron apremiados por el crecimiento desmedido de la delincuencia, y digo desmedido porque, antes, el aumento anual del delito se podía prever y en base a ello se planificaban las necesidades que el servicio de control requería.
La inflación parece que también afectó al sistema y se decidió modernizar o copiar modalidades de otras provincias, creando súper estructuras que por su horizontalidad, era sabido, iban a dificultar el control de los cuadros subalternos; por eso le creo al jefe de Policía cuando en los medios de comunicación expresó que no tenía conocimiento de los narcopolicías. Entre otras cosas se desmanteló la Brigada de Investigaciones creando ¿brigaditas? en las comisarías, dependencias éstas que a su vez aducen no tener personal porque se dio prioridad al 911. Obviamente los máximos responsables actuales de la seguridad salteña están poniendo el pecho a decisiones erróneas adoptadas en gestiones anteriores, y es de suponer que se va agravar más aún, porque el campo es propicio para la siembra de la corrupción corporativa, organizada y protegida.

El tema modificaciones

De lo que no se puede eximir a los cuadros policiales superiores es haber callado cuando se discutía el tema de las modificaciones oponiéndose a las nuevas estructuras; eso sí, había que renunciar a los ascensos indiscriminados que el nuevo sistema ofrecía, reforzando y modernizando lo que ya existía y a su vez frenar el entusiasmo quizás bien intencionado del funcionario político que, en desconocimiento del tema, desea hacer.
Otro de los errores fue aceptar el traspaso del control del microtráfico de drogas a la Provincia, ya que se alivió de una pesada carga a los Juzgados Federales y se la trasladó a la justicia ordinaria, con todas las erogaciones que el sistema requiere, pero lo más importante es que la circulación de la droga para consumo no se detuvo sino muy lo contrario crece todos los días.
Se presenta como un éxito que cientos de microexpendedores fueron procesados, pero podrían ser muchos más si se quisiera porque están en todas partes. Eso no es combatir el narcotráfico. Equivale a decir que "combato la inflación controlando los precios en los kiosquitos del barrio o de las escuelas, sin atacar a los verdaderos artífices del problema que nos aqueja".
El narcotráfico en gran escala no tiene obstáculos para ingresar o atravesar nuestra provincia, puerta de entrada a la Argentina.
Salta debería tener el mejor equipo antidrogas del país; no nos dejemos usar como reguladores del precio de mercado, donde cuando hay mucho stock se ordenan batidas para subir el precio.
Por ahí, algunas veces se escuchan voces, desde la impotencia, que dicen que el gran narcotráfico es problema de las fuerzas federales. Si, pero el peaje ¿quién lo recibe ? ¿Los que controlan en primera línea, los policías, los jueces, los políticos, quién?
Sería bueno por lo menos encontrar uno, como para disimular que las cosas no están bien.

Una nueva estructura

También valdría la pena reflexionar sobre la creación de la nueva estructura policial, paralela y en órbita del Ministerio Público. Como iniciativa bien intencionada parece buena, pero no oportuna. Jerarquicemos lo que tenemos: el pueblo pide eficacia, no más estructuras ni ensayos, y pensemos que el tiempo nos juega en contra.
En cuanto a la Policía, es evidente que hay que depurarla y mejorarla, pero no con decapitaciones, amenazas o traslados para calmar reclamos, sino con motivación, respaldo, respeto, acompañamiento y por sobre todo comprensión por la difícil tarea encomendada.
Una Policía desprestigiada no beneficia a ningún partido político y mucho menos a la ciudadanía. No hacen falta más policías sino buenos policías. Para ello hay que separar la paja del trigo con una buena investigación interna y nos daremos cuenta de que son más los buenos que los malos y que la tarea es ardua pero no imposible.
Para finalizar me pongo de pie para saludar a los buenos policías que honran el uniforme, exhortándolos a no bajar los brazos ni temer a las críticas, recuerden que los mares tempestuosos hacen a los buenos capitanes.

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