Si hay tema espinoso en el Gobierno es el aumento de tarifas. Las diferencias de opiniones dentro del gabinete no se disimulan en público, y menos en privado. Fue el ministro de Energía, Juan José Aranguren, el que se permitió hablar del asunto. 'Vendrá la RTI [Revisión Tarifaria Integral] y allí se habla de plan de obras y de nuevo cuadro tarifario', dijo el expresidente de Shell. Si bien no profundizó con los tiempos, la RTI de luz y gas se discutirán antes de fin de año.
Fue el jueves y lo escuchaban no más de 25 empresarios de primer nivel que habían sido invitados a un almuerzo en el Alvear Palace Hotel convocados por la Comisión de Grandes Empresas de la Cámara española de Comercio.
Aranguren se refería, claro está, a las afirmaciones que hizo el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay. 'No por este año', respondió cuando un periodista de Bloomberg le preguntó si habría más subas durante un encuentro organizado hace 10 días por la agencia de noticias financieras.
Aranguren no opina lo mismo. Algo había dejado entrever el 23 de marzo en la reunión que de la Cámara Argentina de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham). Entonces dijo que los precios de generación de electricidad estaban muy encima que los que pagaba la demanda, sea industrial, comercial o domiciliaria. En el Alvear, amparado por un acuerdo de confidencialidad que resguardaba el contenido, se le escapó un dato: dijo que a la electricidad le falta subir 94%. Si esto fuese así, deberían duplicarse los valores actuales.
De acuerdo a una nota publicada por La Nación sobre el encuentro privado, el ministro habló de sus antecesores y los tildó de 'banda'. Entregó tres apellidos entre los integrantes de esa organización a la que no le reconoce demasiados méritos en el mundo de la infraestructura: el ex ministro de Planificación Federal Julio De Vido; el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión, Roberto Baratta, y el ex secretario privado del ministro y actual funcionario de la Agencia Federal de Inteligencia, José María Olazagasti. Luego dijo que Enarsa, la petrolera estatal que fue el vehículo para importar energía, iba camino a desaparecer.
Aranguren no está cómodo con los números y las funciones de la petrolera que nunca exploró. Sin embargo, la gestión anterior le dio algunas tareas, como la construcción de centrales térmicas, que impiden cerrar las puertas de un día al otro.
La desaparición de la petrolera está sellada; el tiempo en que se dará el proceso aún es una incógnita.
Hubo un capítulo para las obras. Pasó por las que construye Enarsa y mencionó las de Ensenada y Brigadier López, encargadas a Enarsa, y se detuvo en Chihuidos, una central hidroeléctrica ubicada en Neuquén. 'Chihuidos se va a hacer', dijo. Por estos días, la canciller, Susana Malcorra, viajó a Moscú, donde le adelantó al gobierno ruso que avanzarían con financiación al proyecto. El banco ruso Vnesheconombank financiará el 95% de las obras en la represa por un valor que, se estima, rondará los 1800 millones de dólares.
Finalmente llegó el momento del reto corporativo. Aranguren fue por años unos de los pocos empresario que se atrevieron a enfrentar al oficialismo en épocas de Néstor y Cristina Kirchner. Palabras más, palabras menos, les dijo que los empresarios que no enfrentaron al gobierno anterior con cómplices por omisión.
Aranguren había sido invitado hace pocos días a un encuentro con la Cámara de Comercio Española. Pero el ministro no pudo ir entonces, se excusó y se arregló este almuerzo del jueves con la mesa chica. Los empresarios salieron satisfechos y sorprendidos. Pocos conocían tan de cerca la extrema sinceridad del ministro.

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