La economía argentina está sumergida en una estanflación de oferta originada en la falta de competitividad del sector privado. Un informe realizado por Economía&Regiones destaca que la presión tributaria del país está entre la más alta de los países del Mercosur y los que integran la Alianza del Pacífico.
Por otra parte, el país arrastra un elevado porcentaje en gasto público, situación que también frena el desarrollo.
Ambos indicadores -detalla el informe- matan la inversión, producción, exportaciones y frenan el crecimiento
A raíz del comportamiento de esas variables, el sector privado es cada vez menos competitivo, entonces produce cada vez menos, se contrae la oferta agregada y, en consecuencia, cae el nivel de ingreso y aumentan los precios.
La oferta agregada se contrae porque dado que no es competitivo, el sector privado no puede hacer negocios ni ganar dinero, y en consecuencia no invierte ni amortiza, devorándose su stock de capital. Con caída del stock de capital, la productividad cae y la relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo empeora, y en consecuencia se reduce el empleo (aumenta el desempleo).
La competitividad del sector privado depende de factores externos y de variables domésticas. Los términos de intercambio y la tasa libre de riesgo actuales no están jugando "en contra" de la competitividad del sector privado. De hecho, ambos son "buenos" en términos históricos.
El sector privado argentino no es competitivo por "culpa" de las políticas económicas aplicadas durante los últimos años, que han llevado el gasto público y la presión tributaria a niveles récord, porque el costo de capital (riesgo país) es entre dos y tres veces mayor al de la región y porque la inflación cuadriplica o quintuplica la de los países competidores .
Además, tanto la política comercial como la política de ingresos, que nos conduce a la peor relación costo salarial (después de impuestos) /productividad del trabajo de la región, también destruyen la competitividad del sector privado.
Concretamente la presión tributaria récord que enfrenta nuestro sector privado, lo cual es uno de los ingredientes que más atentan contra su competitividad y el crecimiento económico. Argentina (36,6%) tiene la mayor presión tributaria de la región. Paralelamente, Argentina (137,3%) también enfrenta el récord regional de alícuota impositiva como porcentaje de las ganancias de las empresas, más que duplicando el promedio de América Latina y el Caribe (ALyC) (51,2%). Esta política fiscal voraz, que ahoga al sector privado impidiéndole ser rentable y competitivo, se relaciona con la política comercial y la inserción internacional de Argentina en el mundo. En este sentido, no debe sorprender que el Mercosur sea el bloque económico con menor dinamismo comercial y peor crecimiento económico del mundo, ya que también enfrenta una presión fiscal récord en comparación con otros bloques. En ese sentido la alícuota impositiva como porcentaje de las ganancias de las empresas en el Mercosur (72,1%) casi duplica la de la Alianza del Pacífico (47,8%). Paralelamente, la presión fiscal en el Mercosur es más de 10 puntos porcentuales superior a la que se registra en los países de la Alianza del Pacífico.

Baja, como ahorro

De acuerdo al trabajo, sería interesante financiar la baja de impuestos con ahorro internacional.
De hecho, utilizar el ahorro externo para financiar una baja de impuestos al sector privado y desahogar a las empresas sería la manera más virtuosa de utilizar el mercado de capitales. En este sentido, tanto la teoría como la evidencia empírica muestran que la política fiscal expansiva de baja de impuestos es la única herramienta idónea para dejar atrás el estancamiento o la recesión generada por una estanflación de oferta. Esta baja de impuestos debe ser complementada con una política monetaria que baje la inflación.

Bajar presión a los aportes patronales

Sería interesante realizar una rebaja gradual sobre algunos tributos. Los datos del informe avalan que es imperioso bajar la presión tributaria a las empresas. La presión tributaria de aportes patronales, ingresos brutos (IIBB) y Ganancias casi se duplicó entre 2007 (9,1% del PBI) y 2015 (15,9%).
Sin embargo, vale la pena destacar que solo tres cuartos de este incremento de la presión fiscal es absorbido por las empresas, ya que una parte del aumento de Ganancias es pagado por los trabajadores. En cambio IIBB y aportes patronales es absorbido todo por las empresas. Entre 2007 (4,8% del PBI) y 2015 (8,8% del PBI) la carga tributaria de ingresos brutos y aportes patronales para las empresas casi se duplicó. Tanto IIBB como aportes patronales pasaron cada uno de 2,4% a 4,4% del PBI en ese período. Al mismo tiempo, la presión tributaria de Ganancias pasó de 4,3% (2007) a 7,1% (2015) del producto. Es decir, la presión fiscal de Ganancias aumentó. Sintetizando, la quita (reducción) de las retenciones y la eliminación de ganancia mínima presunta van en la dirección correcta, pero la presión tributaria en aportes patronales, ganancias e IIBB (esfera provincial), que ahoga al sector privado obstaculizando la acumulación de capital y la masiva generación de puestos de trabajo, continúa “intacta”. En este sentido, sería positivo bajar aportes patronales y ganancias (empresas) para propulsar la acumulación de capital, el empleo y propiciar una salida de la estanflación.
En este marco, sería positivo establecer un cronograma gradual que tendiera a reducir la presión tributaria a los niveles de 2007. ¿Por qué se necesita una presión tributaria en línea con la de 2007? Por dos razones. Primero, porque es el nivel consistente con el momento previo al inicio de los grandes problemas macroeconómicos de los últimos años. Segundo, porque es el nivel que está en línea con una mejor inserción internacional.


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