El pasado 10 de diciembre recibimos un país en circunstancias dignas de una película; pero no, es la realidad argentina. Ministerios desmantelados, deudas siderales en todas las áreas, gente que cobraba sin realizar trabajo alguno y, algo especialmente importante, los datos que el gobierno kirchnerista dejó eran simplemente una enorme mentira.
Durante los años en los que el matrimonio Kirchner ocupó el sillón de Rivadavia, el empleo público aumentó en un 64%; el déficit fiscal, es decir lo que gasta el Estado por encima de lo que recauda, es del 7% (­uno de los más altos en nuestros dos siglos de historia!). Como consecuencia, durante 12 años han emitido dinero de manera descontrolada e irresponsable, acumulando así un 700% de inflación, la cual, sin duda alguna, fue deliberadamente utilizada como herramienta para continuar con su "manera" de gobernar.
Para financiar esta locura, además de usar sin parar la maquinita de billetes, sometieron a la población a la presión tributaria más alta de la que se pueda tener memoria, se recaudaron de esta manera 694.000 millones de dólares más que en los noventa, pero utilizados solo para financiar un aparato político adepto, puesto que los servicios públicos se han ido transformando en una verdadera estafa al ciudadano: desde el 2008 el delito aumentó en un 40%, pasamos de generar más energía de la consumida a necesitar importarla, el 42% de los argentinos carece de cloacas, el 40% de nuestras rutas son intransitables. Ni hablar además de las reservas del Banco Central que cayeron a casi la mitad, en 22.000 millones de dólares.
Más del 40% de los argentinos vive del Estado, lo que no se vio reflejado en mejores prestaciones.
En fin, el despilfarro nos llevó a tener hoy a casi un tercio del país viviendo por debajo de la línea de pobreza, y esto es lo único que importa. Las ideologías, las formas ni las metodologías políticas tienen relevancia alguna. Ni nuestra región ni los colores de nuestra bandera son incompatibles con el desarrollo económico y social. Ser de primer mundo no es una cualidad con la que nacieron ciertas naciones, se ha ido logrando con trabajo, esfuerzo, orden y compromiso, todo ello orientado al progreso de su ciudadanía. Requerirá tiempo, disciplina y responsabilidad, pero así como un médico puede estar orgulloso al ver a quien fuera su paciente disfrutar de la vida con salud plena, todos los argentinos podremos ver a nuestra Patria con la alegría de haber cambiado su historia.

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