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"Arturo Gobernador", el autor de célebres frases
Arturo Martin es comerciante. Tiene una repuestera en la esquina de San Martín y Jujuy. Ahí mismo, sobre la vereda, quedó mudo para siempre un pizarrón que proponía agudos mensajes sobre la actualidad política, firmados por "Arturo Gobernador". Se lo extrañó tanto al principio que muchos creyeron que Arturo había desaparecido, que se lo había tragado la tierra. Bastaba con entrar a su repuestera para verlo vivo pero callado, detrás del mostrador.
Entonces volvía la esperanza a la calle; el anhelo de que volviera con su humor ácido, mordaz, inteligente, a revolucionar los avisperos gubernamentales. Pero eso nunca pasó. Arturo encarnaba el poder de la tiza. Una especie de superhéroe armado con la palabra y un pizarrón. A fines de 2006 escribió su última frase cansado del asedio y las presiones. Es que sus palabras pasaron de ser consejos para la salud: "Quiérase, no fume", a convertirse en críticas agudas y bien direccionadas que el salteño de a pie celebraba y que hacían zapatear de la rabia a los funcionarios de turno.
Después de una década de silencio, Arturo habrá tenido sus poderosas razones para callar. En alguna entrevista reciente dijo: "Varios de mis mensajes me trajeron dolores de cabeza". Y sobre volver a escribir el mítico pizarrón, fue categórico: "No, ya no porque jamás pensé que ese pizarrón me iba a traer tantos problemas. En un momento me sentí impotente porque me presionaban, no me dejaban vivir en paz. Era sistemático: una frase mía en el pizarrón y al otro día tenía el ejército de inspectores en el negocio".
Que esté justificado de no exponerse a las asimetrías del poder, no lo exime de ser sencillamente inolvidable. Ingenioso, picante, sus frases eran casi un acertijo. Muchos mensajes alcanzaron trascendencia nacional como el que escribió a mediados de los "90: "Cornejo volvé, te perdonamos", que fue publicado en El Clarín.
Anecdótico fue cuando una mañana, durante la intendencia de Ennio Pontussi, se leyó en el pizarrón: "Y si ponemos un Intendente?" Esa frase se volvió cuestión de Estado y el tema fue tratado en el Senado provincial durante un día. Más tarde "el Cartel" dejó de ser un negro pizarrón para ser declarado "Patrimonio Cultural Salteño" por el Consejo Deliberante de la ciudad.
Pero a Arturo nunca le importaron los títulos y agasajos. Quería expresarse en paz aunque eso le quitara la paz a muchos. Era punzante y políticamente incorrecto. Un intérprete del sentir popular.
Otros geniales carteles de Arturo Gobernador, fueron: "Basta de hechos, queremos promesas"; "Alquilo cacerolas"; "Ser rico no es un pecado, es un milagro"; "San Cayetano ñoqui"; "Señor Cliente, ud. comprando no es Dios, es Divino".
Con las cosas que pasan ahora, imposible no sentir una inédita nostalgia cuando se pasa por tu esquina callada, Arturo. Tal vez un día vuelvas en trazos de tizas. Se te extraña!

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Sección Editorial

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