Aunque el promedio de lluvias en esa región fácilmente puede llegar a 0,1 milímetro al año, en esta semana el desierto de Atacama sorprendió al mundo con un paisaje lleno de flores.
Inusual espectáculo para la región del desierto de Atacama, de donde surge la Puna de Atacama compartida entre Argentina (85 %) y Chile (15 %). La región seca nuestra -de Salta en especial- es la continuación del desierto más seco (el lugar con menos humedad atmosférica del planeta tras el interior del continente antártico) del planeta Tierra y donde esta semana sucedió una anomalía que, según el climatólogo Ignacio Nieva, "está asociada al estado Niño del océano Pacífico".
Sin embargo, asevera Nieva, este fenómeno no tiene consecuencias directas con las regiones de este lado del cordón andino -"la mayor frontera climatológica del continente", señala el especialista-, donde las condiciones son otras. "Según monitoreos de los organismos mundiales, la temperatura del océano Pacífico registra dos grados sobre el promedio. Esto producirá lo que se anunció como el fenómeno del Niño más intenso de los últimos 50 años y que en las últimas semanas ha venido mostrando sus consecuencias en diferentes puntos del planeta", cuenta Nieva. Consultado sobre si estas condiciones podrían producir en la zona montañosa de Salta lluvias sobre los 4.000 metros como se produjeron, entre otras, en febrero de 2012 en la localidad puneña de Olacapato y que dejaron víctimas mortales, Nieva dice que es muy improbable.
"Comparando los datos de la estación climatológica de Abra Pampa, vemos que durante los Niños más fuertes desde los años 70 hasta la fecha, la región de la Puna de Atacama, donde llueve 350 mm anuales como promedio, en esos años llovió apenas 120 a 130 mm: un tercio del promedio. O sea que mientras el promedio de lluvias se eleva al otro lado de los Andes, de este lado los datos históricos parecen decir que merman", dice Nieva.
Todo cambia
Miles de "suspiros del campo" (nolana parradoxa) en tonos violetas y blanco y "añañucas" amarillas (rhodophiala rhodocirion), "garras de león" (borarea ovallei), una especie endémica de Chile de color rojo, y "patas de guanaco" (colondrinia congiscapa) emergieron para vestir de color la habitual palidez de esas tierras.
Una fiesta natural que suele producirse cada cuatro o cinco años y que en esta ocasión alcanzó una intensidad no vista en décadas.
"Este año ha sido particularmente intenso, porque la cantidad de agua que ha caído ha hecho que sea tal vez el más espectacular de los últimos 40 o 50 años", dijo Raúl Céspedes, museólogo y académico de la Universidad de Atacama. Es que el fenómeno climático del Niño aportó las lluvias necesarias para que germinen los bulbos y los rizomas (tallos subterráneos que crecen de forma horizontal) que se mantienen latentes en este árido lugar. "Cuando uno piensa en el desierto, piensa en la absoluta sequedad. Pero hay un ecosistema que está latente y esperando para que ciertas condiciones se produzcan, como la caída de agua, las altas temperaturas y la humedad", explica Céspedes.
El fenómeno de floración ha sido particularmente extenso este año, tras un primer brote en invierno después de las inusuales lluvias que cayeron en marzo y que provocaron aluviones con más de 30 muertos en la región de Atacama. Una segunda floración se produjo a inicios de esta primavera austral y que devino en un aumento de un 40% en la visita de turistas.
"Tenemos que pensar en la atmósfera no como algo estático sino, por el contrario, como un sistema en constante cambio", dice Nieva. Un cambio que cada día deja sus evidencias y que, sin embargo, muy pocos dirigentes prevén.

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