Si uno está buscando a un intelectual del Siglo XII, no puede haber otro mejor que Juan de Salisbury.
El Libro II de su Policraticus está dedicado a una discusión general de pronósticos, adivinación y problemas filosóficos de predestinación. Muestra claramente su disgusto por los astrólogos, clasificándolos como "practicantes de otras trivialidades", pero está claro que sus problemas con ellos no fueron completamente por desacuerdos filosóficos.
En el capítulo 19 dice: "es probable que haya algún poder en el fenómeno de los cielos, por lo tanto las mentes inquisitivas investigan los poderes de los fenómenos celestiales y se esfuerzan en explicar con las reglas de su tipo de astronomía todo lo que ocurre en nuestro mundo. Hoy en día la astronomía es una ciencia noble y gloriosa si se confina a sus discípulos dentro de los límites de la moderación, pero si es lo suficientemente presuntuoso para transgredir estas, es más un engaño de impiedad que una fase de la Filosofía. Hay en realidad bastantes cosas en común entre la astronomía y la astrología, pero esta última tiende exceder los límites de la razón y, difiriendo en su enfoque, no ilumina a su exponente sino que lo desvía".
Roberto de Lorraine, Obispo de 1075 a 1096, escribió varios libros sobre el calendario, la astronomía y el ábaco, esa novedad.
Juan enfáticamente no niega que Dios nos ha dado algunos medios de conocimiento sobrenatural. Describe las características de cada uno de los planetas y cree en la erudición del tiempo. Pero está en contra de delinear horóscopos para responder cuestiones triviales y asegura que los astrólogos se rebelan contra la verdadera religión y el concepto del libre albedrío. "Imponen sobre las cosas un tipo de fatalidad so pretexto de humildad y reverencia hacia Dios".
El hecho de que Juan de Salisbury hay estado tan molesto con ellos sugiere un justo número de gente astrológicamente centrada, y el estilo teológico de su posición ante ellos, lo hace a uno pensar hacia quién estaba escribiendo.
El Libro II de la Policraticus es un llamado a los dirigentes a ser guiados por la Iglesia en lugar de por cualquier adivinador, y se debe a que los astrólogos se comportan como adivinadores, y "practicantes de trivialidades" que eluden a los dirigentes cristianos.
Hubo muchos escolásticos del Siglo XII que fueron a España en busca del nuevo conocimiento árabe.
Daniel de Morley fue uno de los pocos que dejaron un registro de sus motivaciones y experiencias. En su libro Naturis Inferiorum et Superiorum cuenta su molestia del estado del aprendizaje en París, con su concentración en la ley y la teología, y su viaje a Toledo en busca de los "filósofos más sabios del mundo".
Ahí encontró a Gerard de Cremona, que había traducido entre otras obras el Almagest de Ptolomeo. El libro de Daniel se inspiró en las preguntas del Obispo sobre "la astronomía y aquellos eventos sublunares que parecen servir a cuerpos más elevados de un tipo de obediencia necesaria".

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