Augusto Rufino nació en Orán en 1956. Es miembro de la Unión Salteña de Escritores, de la Unión Hispanoamericana de Escritores, cónsul de Salta de Poetas del Mundo y coordinador del grupo cultural La Bohemia de Orán. Fue declarado ciudadano ilustre y embajador cultural de Orán. Sus obras integran 43 antologías publicadas en América, Europa y Asia. Entre ellas, se destacan "Al Alba de un Sueño" (2007), "Sentir-es" (2012) y "Souffle de Vie" (2013). Sus poesías fueron traducidas al inglés, portugués, francés, chino y taiwanés.
Recientemente, el 14 de junio, fue homenajeado por la Legislatura provincial, junto a los escritores Santos Vergara, Jesús Maita y Fernanda Aguero.
¿Qué significó para vos este homenaje?
Fue emocionante porque recibir un homenaje en tu tierra es una caricia al alma. Te incentiva para seguir escribiendo, llevar la poesía no es solo compartir lo que hacés y el honor que de otros países del mundo te inviten, sino que a través de la literatura se lleva el nombre de Orán, de Salta y de Argentina con mucho orgullo. Ello te permite compartir y descubrir culturas diferentes.
¿Cómo surge tu inclinación hacia la poesía?
Nace de la niñez. Mi mamá siempre nos recitaba poesía a mis tres hermanos y a mí. Con papá, se sentaban a los pies de la cama y nos leían libros de poesías. Todos salimos escritores, María Delia, Silvina y yo. Mi hermano mellizo, Alberto, quien ya falleció, no, pero era un gran lector. Mi padre también nos leía obras de Manuel J. Castilla, Juan Carlos Dávalos y otros autores regionales. Además, de chicos íbamos a la radio local a recitar poesía, que está ligada a mis afectos y a mi familia. Mi abuelo materno, Julio Cortés, vino de Chile cuando se construyó el Huaytiquina y fue compañero de escuela de Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura. Fueron amigos hasta adultos y aún conservo las cartas que se escribían.
¿Cómo compatibilizás la escritura con el trabajo?
Yo comencé a escribir de chico. Ya en la Universidad de Tucumán, donde cursé un tiempo Abogacía, compartía encuentros con poetas y músicos. Luego empecé a trabajar, estuve muchos años en el ingenio El Tabacal y ahora me dedico al comercio. Es difícil compatibilizar los horarios con los viajes a los congresos. En un año participé de cuatro encuentros en distintas partes del mundo y, si no fuera por Facundo Gutiérrez, el propietario, no habría podido hacerlo. Él siempre me apoyó y mis logros también se los debo a él.
¿Cuál es el desafío de ser escritor en el interior del interior?
El principal desafío es el económico, el poder publicar y participar en los distintos eventos que se realizan a nivel nacional e internacional. Pero con el tiempo me fui abriendo camino, sobre todo en otros países, adonde me invitan muchas veces con la mayoría de los gastos cubiertos. Por otra parte, las editoriales te van conociendo. Publiqué mi primera obra a los 30 años, junto a otros autores. Luego vino "Al Alba de un Sueño" y mi madre, que era artista plástica, realizó las ilustraciones. Presenté mi primer libro en 2001, en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. Pero vale la pena. La poesía trasciende las diferencias y fomenta la confraternidad.

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