-En este país de picaros y rapiditos, decía el veterano don Froilán Montaña ante un grupo de vecinos, el llamado "cuento del tío" es una institución nacional. Claro está, añadía, que para que existan ellos, y en abundancia, hay que aceptar que tenemos un considerable número de ingenuos, sofaifas, desprevenidos, incautos y confiados. Opas en general.
-¿Qué se hicieron?, preguntó el flaco Lavandina. Que yo sepa la gente está muy avivada hoy en día. No creo que alguien pueda cometer un "cuento del tío". Los opas están en la historia.
-­Están presentes, tienen vigencia, aunque no lo crean! Por supuesto que ya nadie podría ser embaucado, creo, como el cabecita negra al que un porteño le vendió el Obelisco, o como ese otro al que le vendieron un tuco gigante embotellado. ­Con esto olvidate del problema de la luz!, le aseguraron. Pero, ­ojo!, funciona solo de noche.
La víctima
Ustedes la conocen a la Aurora, la modista de la vuelta. ¿Vieron que cerró su taller y ahora no se asoma a la ventana? Vive encerrada todo el día y no recibe ni a sus amigas. Ella, que era tan simpática y dada. ¿Saben qué le sucedió? Pues le hicieron el cuento del tío, en su versión sentimental y amorosa, que es la peor cara del cuento.
Verás, Lavandina, que los tíos cuenteros andan sueltos. Resulta que la Aurora, ya en sus 40 y algo más, todavía lucía mucho de su belleza juvenil. Tuvo, y tenía, varios pretendientes, pero ella, se sabía, se reservaba para un amor verdadero. Un amor para siempre.
-­Vaya, con la ilusa!, metió cuchara Lavandina.
-Bien, dejame continuar con la historia. Al comenzar el último otoño, Aurora confesó a sus amigas que estaba enamorada. Se llama Joaquín, les informó.
Y se quiere casar cuanto antes. Es más joven que yo, pero él dice que no me cambiaría por ninguna jovencita. Ni por dos, dijo entusiasmada. El noviazgo iba viento en popa, como se dice. El muchacho llegaba a buscarla todas las tardes, y Aurora aparecía radiante. Tomados de la mano salían a pasear. Parecían dos adolescentes.
Un día Aurora contó a sus amigas que habían fijado fecha para casarse.
-Será, dijo, en cuanto él concrete el préstamo en el banco para enterar lo que le falta para comprar el departamento donde viviremos. ­Estoy chocha!
Mala jugada
Pero los días pasaban sin mayores novedades. Aurora estaba impaciente. Tan impaciente estaba que decidió retirar sus ahorros para que su novio complete el pago del departamento. Y se los entregó.
Al otro día se encontró en la calle con Marquitos Loyola. Se saludaron efusivamente, pues eran viejos amigos.
-Oye, Aurorita, le dijo Marquitos, la otra vez te vi muy bien acompañada, y feliz, con Eduardo Rodríguez. ¿Es tu novio?
-Sí, contestó Aurora, es mi novio. Pero no se llama Eduardo Rodríguez, sino Joaquín Fuentes. Nos casaremos, espero que en el verano.
-­No, querida! ­Es Eduardo Rodríguez! Cómo no lo voy a conocer si hicimos juntos la secundaria. ­No me digas que te hizo el cuento!
Y sí, a la pobre Aurora le hicieron el cuento. ­Qué tío!
d
d
b

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Elena Capasso
Elena Capasso · Hace 10 meses

NO TAN LEJOS, ESTÁN LAS "CAUTAS". RECUERDEN AL "GIGOLÓ" QUE HIZO ESTRAGOS, A PESAR DE SER UN FEO BICHO


Se está leyendo ahora