Solo, en silencio y entre los escombros, el papa Francisco recorrió hoy Amatrice, una de las localidades del centro de Italia más golpeadas por el terremoto de agosto pasado, donde animó a sus pobladores a "ayudarse el uno al otro y caminar juntos" y aseguró que lleva "en el corazón" a los damnificados.
"No quería molestar y por esto dejé pasar un poquito de tiempo para que se arreglaran algunas cosas. Con tanto dolor mi visita quizás era más una molestia que una ayuda", afirmó el Pontífice al salir de la escuela "Rómulo Capranica" de Amatrice, en la que apenas pasadas las 9 locales (4 de la Argentina) saludó a más de un centenar de alumnos y a varios sobrevivientes, entre ellos un hombre que perdió a su mujer y sus dos hijos en el terremoto.
"Del primer momento he sentido que debía venir entre ustedes, simplemente para decirles que estoy cercano y que rezo, rezo por ustedes", agregó Francisco tras recorrer los casi 150 kilómetros que separan a Roma de Amatrice en un auto azul sin patente vaticana, para pasar desapercibido en el viaje con el que cumplió la promesa que había hecho en las últimas semanas.
Sin más escolta que el comandante de la Gendarmería vaticana Domenico Gaini, el Pontífice visitó luego otras localidades afectadas,como Accumoli, Cittareale, Pescara del Tronto, Norcia y Arquata del Tronto.
En Amatrice, durante una charla informal con los vecinos del lugar, expresó su "cercanía y oración" y pidió "que el señor los bendiga a todos y que la virgen los custodie en este momento de tristeza y dolor".
"Rezamos a la virgen por los caídos aquí, entre los escombros. Adelante, coraje y a ayudarse el uno al otro. Se camina mejor juntos, solo no se puede", finalizó, antes de saludar a los rescatistas y equipos de la guardia civil que aún trabajan en el lugar.
"Rezo por ustedes, el suyo es un trabajo doloroso, soy yo el que quiero agradecerles, y quiero una foto con ustedes, que son los que salvan a la gente"; le dijo al equipo de bomberos y rescatistas que encabeza Luca Caril antes de posar junto a ellos para la cámara de Francesco Sforza, el fotógrafo del Osservatore Romano.
Tras visitar la escuela de Amatrice, y en una imagen que recordó la de su visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz en julio pasado, el Pontífice rezó en silencio y cabizbajo en la "zona roja" , a lo largo de la calle Umberto I de la localidad, donde se registraron los mayores daños tras el terremoto y que permanece aún cerrada.

No solo visitó Amatrice

En Accumoli, donde llegó tras saludar a los rescatistas de Cittareale en medio del enorme clamor popular que despertó su visita entre los pobladores de la zona, el Papa visitó las ruinas de la Iglesia de San Francisco, cuyo campanario aplastó la casa y causó la muerte a una familia completa la noche fatal que dejó 296 muertos en el centro de Italia.
En Arquata del Tronto,donde saludó a más de un centenar de damnificados por el sismo y a niños que pudieron recomenzar las clases hace pocos días, Francisco expresó su deseo "de estar cercano en este momento y decirles que los llevo en el corazón, así como sé de su sufrimiento y angustias, de sus muertos".
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Francisco, junto a los bomberos de Amatrice. Foto: AFP
Francisco, junto a los bomberos de Amatrice. Foto: AFP
"Vayan adelante, los tiempos cambiarán y se podrá seguir adelante. Yo estoy con ustedes", agregó antes de mostrarse "feliz" por poder visitar a los habitantes de Norcia "después de su sufrimiento".
Minutos antes de la llegada del Papa a esa localidad, una réplica de 3.6 grados se hizo sentir en los sismógrafos de la zona, según reportan los medios locales.
Además visitó la residencia sanitaria para ancianos de San Raffaele de Borbona, en Reti, inaugurada hace tres meses y que tiene capacidad para 60 huéspedes, a los que saludó uno por uno y luego almorzó con ellos.
El Papa estuvo acompañado por el Obispo de Rieti, monseñor Domenico Pompili, quien trabajó muchos años en la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en el ámbito de la comunicación y luego por Giovanni D'Ercole, Obispo de la Diócesis de Ascoli Piceno.
El pasado domingo, en su regreso de una gira de tres días por el Cáucaso, el Obispo de Roma había adelantado que iría a encontrarse con los damnificados en algún momento, pero "de manera privada, solo, como sacerdote, como obispo, para estar cerca de la gente".
El miércoles pasado el Pontífice había recordado durante la Audiencia general el "sufrimiento" de una delegación de casi 100 sobrevivientes del terremoto de la localidad Arquata del Tronto que participaron del encuentro en la Plaza San Pedro.

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