Lázaro Báez no declaró ante el juez que lo incrimina de defraudación al Estado, solo dejó evidencias virtuales: su hijo y su contador aparecen en el video de la financiera "La Rosadita" con tres compinches más contando dinero.
Ya reflexionó Platón, en el mito de la caverna, que la imagen no es lo real de la cosa. El juez, como en el mito de la caverna de Platón, hizo "hablar" las imágenes del primer video conseguido de la corrupción contemporánea y obtuvo la semiplena prueba para procesar a Báez.
Platón explica que lo conocido no es directamente la esencia del mundo, sino sus sombras o apariencias que son proyectadas en una caverna y hacen que el hombre sea prisionero de la ignorancia. Solo las imágenes reales que están fuera de la caverna, en la luz de las esencias, dan el conocimiento verdadero.
La crítica dijo que Haruki Mirakami, en sublimes novelas, entrevé que la imagen (por qué no también las de "La Rosadita") "dibuja un mundo de oscilaciones permanentes, entre lo real y lo onírico, entre el gozo y la oscuridad".
"La Rosadita", documental breve sobre el saqueo al Estado, "dibuja" el límite entre lo real y lo onírico de la corrupción argentina. Ya tiene más de 300 mil visitas, millones de ojos entraron al interior de la caverna de Platón y, como el juez, sospecharon que muchos están gozando el dinero entre las sombras. Las imágenes dan pistas de otras subjetividades que operan a través de Báez. Los protagonistas del video representan a Báez y el, a su vez, a otro eslabón de la cadena del mal. "Leer" el lenguaje del video fue la tarea de la Justicia y la gente, hasta ahora.
"El lenguaje entrega su sentencia a quien sabe escucharlo", sostiene Jacques Lacan. Esa afirmación podría suscribir el juez Sebastián Casanello cuando fundamente por qué el lenguaje de la imágenes "entregan" a Báez, hacen "verlo" en ausencia en la caverna de "La Rosadita" y, por ende, lo conducen preso al juicio.

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