Barrancos de diferentes profundidades, 10, 50 y hasta 100 metros se transforman en verdaderas trampas mortales para las personas que suelen transitar por esos lugares. Tanto en Santa Victoria Este como Oeste, los grandes precipicios se cobran vidas durante el año. En lo que va de enero, dos personas sufrieron un trágico final.
Se trata de gente perteneciente a la zona que solía pastorear junto a su rebaño de animales, poseedores de un conocimiento profundo del lugar. Pese a esto último, la fatalidad los sorprendió y nada pudieron hacer para no caer y perder la vida. El sábado pasado murió un niño de 8 años tras despeñarse en el cerro Toco, en Santa Victoria Este. Mientras que unos días antes, el viernes 8, una mujer cayó por un barranco en el paraje Santa Rosita, de Santa Victoria Oeste.
El menor, identificado por la Policía como Mario Fabián Peloc, estaba al cuidado de unos animales en horas de la noche, cuando por razones que no se establecieron, terminó cayendo desde más de diez metros. De inmediato fue trasladado al centro de salud del paraje Pucará donde llegó sin vida. El diagnóstico fue "hundimiento de cráneo".
Por su parte, Natividad Luna de 45 años, se encontraba sola cuando sufrió el infortunio, cerca de las 16.30 en el paraje Santa Rosita de Santa Victoria Oeste.
A la mujer le diagnosticaron "paro cardiorrespiratorio secundario a un shock hipovolémico y fractura expuesta de fémur izquierdo y traumatismo de miembro inferior izquierdo por impacto de objeto contundente (una roca grande)".

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora