"Bienvenido, míster Marshall" fue el título de una legendaria película española, estrenada en 1953 y dirigida por Luis García Berlanga.
La trama, de aparente ingenuidad, encerraba un mensaje crítico para el gobierno franquista: en Villar del Río se vivía frenética ilusión por la visita de funcionarios norteamericanos, que traerían la buena noticia de la llegada del Plan Marshall a España.
Obviamente la delegación no apareció nunca porque ni el pueblecito ni la Madre Patria estuvieron en su consideración.
Como se sabe, esa fue la fórmula ideada por Harry Truman con dos objetivos: socorrer a una Europa autodevastada y -de paso- recrear un mercado que absorbiese manufacturas norteamericanas, y evitar que el malhumor popular se inclinara por una izquierda muy activa en ese tiempo.
El 85% de los fondos utilizados con carácter de subsidio fue para reconstruir la infraestructura y las industrias básicas europeas.
Aquella fabulosa inyección de dólares rindió sus frutos casi de inmediato y ya conocemos cómo continuó esa historia.
El 3 de febrero pasado publiqué en estas páginas una nota titulada "Plan Belgrano: ¿Plan Marshall o Alianza para el Progreso?" (http://www.eltri buno.info/plan-belgrano-marshall-o-
alpro-n669671), en alusión a ese otro plan del gobierno de J. F. Kennedy para frenar la izquierda latinoamericana. La diferencia entre ambos era sustancial: uno apuntó, como dije, a resucitar la economía europea; el otro a paliar carencias sociales pero sin alterar la estructura del subdesarrollo.

Nuestro Plan Belgrano

Traigo el recuerdo del filme español pues la misma sensación de despiste dejó la reciente reunión de 50 intendentes salteños con el Sr. José Cano, coordinador general del Plan Belgrano, en La Candelaria, postergado borde fronterizo provincial.
La crónica recogió que entre los presentes "reinó el optimismo", fantasía que se diluye a la hora de las "efectividades conducentes" aludidas por Hipólito Yrigoyen refiriendo a los recursos necesarios para materializar objetivos concretos.
Similar encrucijada -¿Marshal o Alpro?- fue introducida por el intendente Gustavo Solís de Rosario de la Frontera: la ciudad termal necesita un canal derivador sur pero también la construcción del dique El Cajón (del cual, dicho sea de paso, muy poco se sabe).
Los metanenses Roberto Gramaglia y Fernando Romeri plantearon igualmente cuestiones que van más allá del obvio interés departamental, aunque la mayoría de los jefes comunales se atuvo a las clásicas urgencias de municipios casi quebrados: equipamiento y obras básicas -desages pluviales, agua potable, cloacas, saneamiento ambiental, viviendas- imprescindibles para sus pueblos y a la vez apropiadas para afrontar futuras elecciones.
Para ello habría US$ 350 millones de un remanente del BID, inejecutado en 2015.
Otra preocupación de los mandatarios de ciudades y pueblos más chicos fue la de cómo elaborar y presentar un proyecto, ya que carecen de personal idóneo e infraestructura al respecto. El Sr. Cano prometió asistencia.
De todo esto ha dado cuenta con amplitud la edición de El Tribuno del martes 29 de marzo, incluyendo un largo reportaje al propio Cano.

Mostrando la hilacha

El Plan Belgrano empieza, pues, a mostrar la hilacha: no se trata de un plan federal sino nacional, o sea que el actual Gobierno argentino analizará los proyectos que se presenten, los evaluará y asignará las partidas en función de acuerdos políticos que suelen pasarle por arriba a los gobernadores.
Hemos visto tantas veces esta película desde que el inefable Carlos Menem instituyó aquellos Aportes del Tesoro Nacional, que hoy deambulan por los tribunales...
Lo que aconteció con los intendentes salteños de seguro ocurrirá en las demás provincias de la Región del Norte Grande Argentino (RNGA), lo cual haría prevalecer la faz "alianza para el progreso" de este meneado plan. Se acumulan interrogantes: ¿qué papel jugarán los gobiernos de las 10 provincias involucradas? ¿Los presupuestos no incluyen las obras que los intendentes reclaman y, en su caso, qué se hizo con los fondos disponibles? ¿En qué instancia se establecerán las prioridades en términos de planificación estratégica?
Mientras sucede el debate comarcano, vale recordar la promesa de Mateo Renzi al presidente Mauricio Macri de financiar US$ 3.000 millones en cinco años para el soterramiento del FFCC Sarmiento; o la inversión de US$ 22 millones por parte de la empresa Petronas para ampliar su planta de lubricantes en el polo industrial de Ezeiza; o la inversión de YPF para prospección en Desecho Chico, Mendoza. Y así siguiendo: se requiere gran decisión política para contrarrestar una escala económica totalmente adversa para la empobrecida Región del Norte Grande Argentino.

¿Qué va a hacer Salta?

La Provincia de Salta ha realizado un enorme esfuerzo movilizador que culminó con el Plan de Desarrollo Estratégico 2030.
¿Se lo tendrá en cuenta a la hora de preparar y coordinar proyectos o todo quedará supeditado a la inspiración y solvencia de los jefes comunales y sus equipos de gobierno? ¿No habrá explicaciones al respecto? ¿Jugará algún papel el novel Consejo Económico y Social?
Agua corriente, luz, cloacas, viviendas, son imprescindibles para mejorar la calidad de vida de la gente. Pero nuestros intendentes debieran considerar la importancia sustancial de movilizar la riqueza con inversiones productivas de mediano y largo plazos, para generar trabajo genuino y sueldos dignos.
Dicho de otro modo: exijan a los gobiernos provinciales recursos suficientes para afrontar las urgencias coyunturales, pero preséntenle a Cano proyectos cualitativamente superiores.
No hay departamento salteño que se sustraiga de obras acordes con la significancia geoestratégica de Salta. Por territorio salteño surcan 2.300 km de ferrovías de los ramales C-12, C-14, C-15, C-18 y C-25 (lo cual requiere además batallar por terminales de carga y talleres).
El rescate de las rutas nacionales 9, 16, 34, 40, 50, 51 y 86 (unos 1.400 km de recorrido por Salta), el aprovechamiento integral del río Bermejo, la presa de Zanja del Tigre, deben instalarse en el debate regional.
En fin, tal como se perfilan las cosas, pareciera que el Plan Belgrano tiene más de Alianza para el Progreso que el Plan Marshall.
Por ende, de acá en más todo dependerá de la lucidez de nuestras dirigencias políticas y sociales.

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