Hacia el cierre del Foro de Inversiones y Negocios que la gestión de Mauricio Macri desarrolló la semana pasada, los funcionarios parecían ansiosos de comunicar el cumplimiento de la demorada promesa de campaña sobre la "lluvia de inversiones".
Juan Procaccini, de la Agencia de Inversiones del Gobierno, aseguró que esa entidad lleva registrados US$ 30.000 millones en anuncios realizados desde diciembre.
Para el ministro de Producción, Francisco Cabrera, en cambio, los compromisos hasta el cierre del evento realizado en el Centro Cultural Kirchner (CCK) llevaron la cuenta hasta US$ 40.000 millones, detalla un informe de Paula Krizanovic para iProfesional.com.
Se sumarían otros desembolsos cuyo valor aún no se especificó, como los que confirmaron Siemens y Dow Chemical oportunamente.
Si bien por ahora estos valores representan una mera "llovizna" en lugar del derrame que muchos de los votantes del cambio esperaban, se estima que será un indicador sobre planes que se puedan concretar en el futuro.
Se trata, como es muy común escuchar en estos días, de la brecha entre las expectativas y los plazos de la economía.
"Todo el mundo cree que las decisiones de una inversión productiva se toman en forma inmediata. Todo lo contrario. Llevan un análisis muy detallado, así como tiempo de elaboración", dijo al respecto Daniel Vardé, Socio Líder de FAS de Deloitte.
"El Gobierno estaba convencido de que con el cambio de rumbo vendrían rápidamente. Tal vez mostró demasiado optimismo. La realidad es que con las dificultades que tuvieron los inversores en el pasado, no era algo que se iba a lograr de un día para el otro", opinó.
Los especialistas se cansan de repetir que, tras 12 años de un modelo más cerrado y con el "track record" de la Argentina en materia de reglas cambiantes, es muy difícil que una mera renovación de autoridades provoque una ola repentina de confianza.
"Uno de los grandes desafíos de nuestro país al iniciar este proceso es venir de una economía doméstica donde la forma de hacer negocios era muy diferente de lo que requiere este paradigma liberal actual", apuntó al respecto Laura Matta, directora de Nuevos Negocios de Kroll.
Pero más allá del análisis teórico, el apremio por la llegada de capitales no es un capricho respecto del cumplimiento de la promesa electoral.
Este reclamo se hace oír desde distintos sectores sociales con la urgencia que proviene de la necesidad de reactivar una economía en recesión, generando empleo y potenciando el consumo.
Claro que las empresas no doblegan sus decisiones de negocios a los reclamos sociales ni a las obligaciones políticas. ¿Cuánto demoran entonces las compañías en definir estos desembolsos?
Todo depende del tipo de apuesta. La inversión financiera es prácticamente inmediata. La primera en reaccionar ante cualquier cambio de las condiciones del mercado.
De hecho, ya se denota el optimismo de este sector en el mercado de empleo, donde se espera que las empresas incorporen personal antes de fin de año. Fuera de ese sector, Ignacio Aquino, Corporate Finance Partner de PwC, analizó que para las operaciones que tomen forma de transacciones (por ejemplo, la compra de empresas locales) se estima generalmente una demora de entre seis y ocho meses como mínimo.
En esos casos, asegura, "depende de los tiempos de la negociación, además de las aprobaciones necesarias para ingresar al país".
Para otra modalidad, que implica construir una compañía desde cero ("green field") es más complejo establecer plazos. Varía de acuerdo a cada industria, los resultados de los estudios ambientales, de factibilidad, impositivos, permisos que haya que obtener, etc. Cada uno de esos análisis demora alrededor de un trimestre o más, a lo que se suma también la obtención de permisos y autorizaciones del caso.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia