De acordes prístinos, ideales para prodigar ternura y afecto, la nana es quizá la canción más popular y reconocida en el mundo entero. Siempre conlleva un acto familiar tan íntimo y edificante que a cada corazón materno le huelga preguntarse si su voz desafina.
Según el sitio web Todo Papás, estudios confirman que el ritmo monótono de la canción de cuna es similar a los latidos del corazón, y por eso relaja y calma el llanto del recién nacido. Además, se ha comprobado que la frecuencia cardíaca de los bebés disminuye mientras la están escuchando, al igual que su ritmo respiratorio, y esto les ayuda a conciliar el sueño o a sentirse mejor cuando están enfermos; por ejemplo, si tienen cólicos de lactante.
Consultada por El Tribuno, Sylvina García Ocaña, musicoterapeuta y pianista egresada de la Universidad del Salvador, sostuvo que la canción de cuna tiene un sentido más profundo que mecer al niño para que se duerma. "Las nanas existen en todo el mundo porque el acunar como función materna es totalmente constitutivo del sujeto, de su estructura psíquica. Al niño el juego del sostén -de acunarlo para que se sienta querido, mimado y sostenido- le hace falta para crecer sanamente y, en contrapartida de esto, está el cuadro definido como marasmo infantil, es decir los niños que mueren hospitalizados e institucionalizados por falta de cuidados maternos. A lo mejor están en perfecto estado de salud, pero carecen del contacto cuerpo a cuerpo que da el acunar, tan necesario para la sobrevivencia del lactante. Entonces esa función maternal, que es la de sostener en brazos junto al cantar, es una actividad constitutiva del aparato psíquico de las personas", explicó.
Añadió que su carencia trae profundos trastornos en la psiquis. "Cuando se alude a esa actividad, es decir, se canta una canción de cuna, uno se remite a un recuerdo. Queda en las huellas nmémicas ese momento de plenitud, porque el ser sostenido por la mamá tiene un efecto apaciguador, de completud en las personas. Incluso en los adultos se despierta ese sentimiento de completud con la madre, que es muy fuerte y muy profundo", añadió. Luego especificó que toda vivencia con un alto contenido emocional produce huellas nmémicas que no se borran jamás. "Esas huellas existen en la memoria de todo sujeto. Suponte a una persona en estado de coma o en terapia intensiva, sería muy interesante poner en práctica la experiencia de hacerle escuchar canciones de cuna, porque seguramente esas huellas están despiertas, muy arraigadas, y seguramente esto le produciría algún efecto positivo", señaló.
Para educadores
La profesora en jardines de infantes Milagros del Valle Ibarra; el licenciado en Arte, compositor y músico Arturo Botelli y Sylvina García Ocaña creen que la canción de cuna, al ser una forma de comunicación que se comparte desde que se nace y que refuerza los vínculos afectivos, debería ser trabajada por las personas involucradas en la crianza de niños.
"La canción de cuna es necesaria en el mundo infantil porque nos remite al primer vínculo, que es el maternal, y la sugiero como estrategia pedagógica para docentes, enfermeras y en espacios familiares", señaló Milagros. Añadió que justamente a ella las nanas la llevan a transitar imágenes atesoradas. "Mi padre (el músico y escritor Chango Ibarra) no me cantaba una canción de cuna puntual, sino que las inventaba y las decía desde la naturalidad de la palabra. Por ejemplo: "Esta niña, Milagrito, que no se quiere dormir, mañana no se va a levantar'' o "Esta niña, no para de jugar, vení, dormite y no me hagas renegar''", comentó. Para Arturo Botelli la nana es una de las formas musicales más antiguas, pero algunas se distancian de la canción amorosa, dedicada al retoño, "a la prolongación de uno que son los hijos" y adquieren el tono de una ominosa amenaza. ""Duermete, niño; duermete ya, que viene el lobo y te comerá''... ­Qué terrible! ­Con esa canción no te dormís más!, pero también está la canción de Brahms (Wiegenlied opus 49 N´ 4, la más famosa del mundo)", comentó. Al referirse a sus formas compositivas, expresó que son sencillas y por ello de fácil acceso. "Se comparan con cantar bajo la ducha. Incluso existe la canción de cuna de amor, es decir, para hacer dormir a la persona que uno ama, arropada entre los brazos", señaló.
Por su parte, Sylvina Ocaña subrayó que la actividad de sostener en brazos, acunar y cantar regula las emociones intensas del niño como angustias, temores y excitación.
"Puede ser utilizada para lograr un momento de calma, quietud o reflexión, que les hace falta a los niños y también a los adultos. Las he cantado mucho con alumnitos de jardín y el efecto que producen es el mismo: los chicos se van calmando, toman una posición de descanso", acotó. Por ello, apuntó a revalorizarla como vivencia en un mundo vertiginoso y dado a la superficialidad.
"No sé por qué las cosas más profundas se nos están pasando. Creo que revalorizar la canción de cuna es importantísimo, porque pasamos como por encima, como sobrevalorando las vivencias, y esto tiene una connotación muy profunda. Pienso mucho en algunas infancias un poco descuidadas y pienso qué lindo que sería llegar allí y revalorizar el vínculo con la madre, que es el vínculo que te salva", concluyó. Y tal vez quien supo condensar como nadie este mensaje fue el escritor uruguayo Eduardo Galeano. "Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje", escribió. Y la canción de cuna, quedó claro, nos lleva a un sitio donde amamos la vida: el abrazo materno.

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