Como el santo niño que lleva en sus brazos, así llevaron cientos de creyentes la imagen de su San Cayetano a la fiesta en su honor.
Niños, niñas, mujeres y hombres, abuelas y abuelos no dejaron de pedir y agradecer a San Cayetano desde la medianoche hasta la tarde de ayer. El templete de la calle Luis Gemes al 700 mantuvo abiertas sus puertas desde la noche anterior para quienes se sumaron a hacer una vigilia de oraciones y velas encendidas.
Apenas pasadas las 16, la imagen salió del templo. En andas y acompañado por una docena de imágenes de fieles, el patrono recorrió algunas cuadras hasta la plaza España.
Allí, además de quienes hicieron la procesión, lo esperaba una plaza llena, con pedidos, súplicas y agradecimientos.

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Durante la ceremonia central, monseñor Mario Cargnello destacó las palabras con las que papa Francisco se refierió a las necesidades de los argentinos. "El papa -en una carta que el escribe a monseñor José Arancedo- dice: El pan es la mitad. El pan sin trabajo no dignifica. La gente sabe que no es así", reflexionó Cargnello, frente a los cientos de creyentes que acompañaron a San Cayetano pese a la persistente llovizna.
"Necesitamos promover el trabajo. Por eso estamos junto a los que buscan sinceramente trabajo", afirmó monseñor.
El religioso dijo que el trabajo es fuente de dignidad. "Por eso, quienes deben, tienen que encargarse de que todos tengamos trabajo. Se honra al trabajo cuando se respeta al trabajador. Honra el trabajo el que teniendo la posibilidad de hacerlo crea trabajo. El que sabe compartir y gasta con justicia lo que gana. Deshonra el trabajo el que no se interesa por el bien de los demás y solo quiere ganar ", aseguró el sacerdote.
Terminada la ceremonia, el patrono volvió a su templete, mientras que los creyentes, como Élida, no dejaban de rezar. Esta mujer de 31 años fue junto a su familia. Participa todos años de la procesión. "Es una tradición. Mi mamá me mostró a San Cayetano y yo creo en él", aseguró la mujer.
Esperando la bendición, los fieles despidieron al santo con un saludo de pañuelos blancos.

Pedidos y necesidades

"Todos los años participo de la procesión. Venimos con mi esposo y pedimos trabajo para mis hijos y nietos. Para que no les falte nada", afirmó Carmen, de 69 años, quien no dudó en asistir a la ceremonia. Su creencia también fue heredada de sus padres y abuelos pero Carmen -a diferencia de muchos de los fieles- no trajo su imagen.
"Yo no lo traigo su imagen , pero igual creo y le rindo honores a San Cayetano", afirmó.
Sobre la avenida Entre Ríos, entre Junín y Pedernera, mientras la ceremonia llegaba a su fin, los vendedores ambulantes se apoderaron de la calle. Banderas, pañuelos, posters, estampitas e imágenes de yeso se entremezclaban con la venta choripanes, pochoclos, empanadillas, rosquetes y bollos. Y esta fue la gran fiesta de los chicos, que no dudaron en pedirle a los padres y abuelos el regalo del paseo.
Luego de rezar, muchos se animaron a llevarse un San Cayetano a casa. Las estatuillas requerían una inversión de entre 10 y 250 pesos. Pero, para algunos, su valor era aún más alto.

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