Monseñor Carlos Fernando Maletti, obispo de las diócesis Merlo-Moreno del Gran Buenos Aires, dijo ayer a El Tribuno que "la gran pastoral que el papa Francisco pide a la Iglesia Católica es la pastoral de la escucha, de la presencia y de la contención", y que hoy la realidad "es como un hospital de campaña donde hay que atender los casos que llegan ya, urgentes, y al mismo tiempo ir consolidando espacios para la promoción humana, social y pastoral de tantos hermanos y hermanas nuestras que sufren y pasan necesidades". El obispo fue invitado para participar del I Congreso Pastoral Social del NOA que terminó ayer en el Centro de Convenciones.

¿Qué características sociales tiene su diócesis?
Está ubicada a 30 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en el oeste, en la mitad del camino que va a Luján. Son dos municipios que divide el río Reconquista, el límite el segundo y el tercer cordón del Gran Buenos Aires. La diócesis tiene 1.100.000 habitantes, de los cuales la gran mayoría son familias del NOA, del NEA, de Bolivia y de Paraguay. Estamos muy cerca de Buenos Aires, pero es como si estuviera en el interior del país. Hay pobreza e inseguridad, porque el flagelo de las drogas está en el día a día y porque es una sociedad fragmentada.

Un desafío muy fuerte
La acción pastoral del obispo ahí es específica, junto con sus sacerdotes y los agentes de las comunidades, pero al mismo tiempo es estar muy cerca, caminando los barrios, acompañando las familias, estando cerca de los jóvenes y provocando encuentros. El gran desafío, en el Conurbano, como en otros tantos lugares del país, es lo que el Papa señala como las tres T (techo, trabajo y tierra). También estamos abocados a crear conciencia en las dirigencias de que los problemas no se resuelven si no es con una adecuada promoción humana y social.

¿Por qué cree que llegamos a este punto con las drogas?
Las causas están en el sistema neoliberal, como dice el Papa, que nos lleva a ahondar la brecha entre pobres y ricos, la falta de políticas que atiendan a los más necesitados efectivamente y no solo por razones electorales, el egoísmo que está en el corazón del ser humano. El Papa, cuando aún era el cardenal de Buenos Aires, decía que estamos en una sociedad que descarta, y cuando hay muchos descartados, los mecanismos de la autodefensa producen lo que estamos viendo. Pero en el fondo, la droga, la violencia, la realidad del narcotráfico, que no haya techo, tierra, trabajo, tiene su origen en el egoísmo que hace que muy pocos tengan mucho y muchos tengan muy poco. El Papa nos pide que tratemos de revertir este indicador.

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