Carlos Romano, profesional del derecho especializado en temas de infancia, estuvo en Salta esta semana para concientizar sobre la importancia del "abogado del niño", una figura que debía crearse según la ley nacional 26.061 pero que en la provincia aún no existe.
Consultado sobre el hecho de que Salta todavía no se haya adherido a la normativa de protección a la infancia y adolescencia después de una década, Romano dijo que "la mora" en temas de niñez "es histórica y mundial".
Además, aseguró que en el país cuesta que se hagan efectivos los derechos que garantizan las leyes, pidió "escuchar a los chicos", y cuestionó "el adultocentrismo".
El especialista fue juez de familia, emisario presidencial en asuntos vinculados a niñez y asesor especial por la delegación Argentina ante la comisión de la Convención de La Haya, además de ocupar otros importantes cargos.
En una conferencia organizada por el Colegio de Abogados y Procuradores de Salta, presentó su libro "Abogado del niño" el jueves, y se refirió a la necesidad de tener un representante que defienda los intereses de los chicos en diferentes situaciones.
La figura del abogado del niño está contemplada en la ley 26.061 de protección a niños, niñas y adolescentes. Salta todavía no se adhirió a esa ley, ¿esto se repite en otras provincias?
Se repite en otras provincias. No en todas. Algunas están muy avanzadas. Diez años es mucho tiempo. Pero, en realidad, es una mora que tiene el planeta con el tema de la infancia.
Ya pasaron muchos años desde la Convención Internacional de los Derechos del Niño y ni siquiera hablamos de un Tribunal Internacional del Niño. Es una de las cosas que propongo en mi libro para solucionar tantos problemas de chicos migrantes, chicos refugiados, chicos en la guerra, sustracción y trata.
De modo que la mora con la niñez es histórica y mundial. A las provincias les cuesta un poco más darle garantía de ejecución al derecho. Se vuelven a debatir cosas que ya están superdebatidas.
Somos un país en el que se hace la publicación de una ley en el Boletín Oficial y después seguimos debatiendo cuatro años sobre lo que ya se aprobó en vez ponernos a trabajar. Con el abogado del niño está pasando eso también. Todavía se discute el tema porque no se entiende bien su figura e identidad.
¿Cómo define su rol específico?
Hubo un cambio de paradigma que todavía no se culturizó. Se acabaron las cuestiones de "reemplazar al otro", y mucho más a los niños. El tema es asistir y acompañar. Ser, dejar ser y ayudar a ser.
A partir de ahí, la técnica del abogado tiene que ser muy diferenciada de lo que era el patronato de la infancia. El abogado del niño es, sobre todo, un asistente jurídico que tiene como base fundamental escuchar al chico.
Dentro de lo que es este cambio de paradigma se entiende que un chico solamente tiene derecho a partir de que lo escuchamos. La escucha es la madre de todos los derechos. Si no escucho a los chicos no puedo hacer justicia, no puedo hacer abogacía, ni puedo decir que estoy trabajando por los chicos.
Un abogado del niño tiene esa función: amplificar la voz del niños en un expediente administrativo o judicial y, por sobre todo, hacer una defensa técnica en base a lo que el chico le está diciendo, no en base a lo que se piensa desde el "adultocentrismo" o la concepción estatal.
Se diferencia mucho del asesor o defensor de menores porque ellos tienen que decir cuál es el pensamiento y la posición del Estado en determinado problema.
El abogado del niño se separa también de la concepción de los abogados de los padres, que tienen otros intereses y, a veces, en conflicto.
Salta tiene que motorizarlo cuanto antes. También estamos reclamando que la Provincia se sume a nuestra red internacional de abogados del niño. Es una construcción como Médicos sin Frontera y queremos invitar a Salta a que trabaje con nosotros.
Esta organización, por ejemplo, le va a reclamar a Naciones Unidas que cumpla con la Convención de los Derechos del Niño y nos dé un tribunal internacional.
Además de esta figura, ¿qué otros aspectos de la ley 26.061 todavía no se están aplicando?
El fundamental: darle garantía de ejecución al derecho. El inciso 23 de la Constitución dice que todo derecho debe tener garantía de ejecución.
¿Cree que la gente conoce esta ley?
En realidad, el tema de niñez vuelve a la comunidad. Lo que tenemos es un desfasaje de cultura tribal, del clan, donde la problemática de los niños estaba cubierta. Los chicos eran hijos de cierta cantidad de adultos: padres, tíos y primos. Cuando vamos a la estructura de los nacionalismos, tenemos un Estado que promete sanidad, justicia, educación pero no las termina brindando o las brinda en manos del patronato en temas de la niñez.
Creo que hay que hacer un sinceramiento. Todas las políticas que el Estado no puede cumplir vuelven a la sociedad. Inconscientemente, la sociedad a esto lo conoce, lo que pasa es que no es la misma sociedad que antes: no es ni participativa ni solidaria. Lo fundamental es que entienda que tiene que acompañar estas modificaciones con una mejor participación y el Estado tiene que respetar más a las ONG y a la institución familia porque si no se cae todo.
El Estado está tratando siempre, por una cuestión política, de demostrar que es potente, cuando en realidad no tiene potencialidad alguna. No tiene recursos. Falta una complementariedad. No hay que derivar más los problemas de los chicos. En la estructura del Estado, falta que las oficinas tengan un cartel que diga "Aquí no es". Derivamos. No complementamos. Es más, a veces competimos para ver quién no atiende el problema.
¿El modelo del patronato que menciona supone que los chicos, más que sujetos de derecho, son una especie de propiedad?
Sí, porque lo contrario a asistir es reemplazar. Yo no digo que haya sido algo perversamente pensado. Por ejemplo, uno cuando un chico no buscó su tarea el día que faltó a la escuela, llama a la mamá de otro pibe para que nos pase la tarea porque él no se hace cargo. Entonces, no lo estamos asistiendo, lo estamos reemplazando. Los adultos tenemos un efecto anulatorio e idiotizante sobre nuestra niñez y adolescencia. Es un problema de cultura.
El diagnóstico es: tengo muy buenas leyes sin garantía de ejecución. Tenemos que cambiar la modalidad de tratamiento, con más respeto a la niñez y adolescencia, asistiéndolos y dejándolos crecer.
Periódicamente se vuelve a instalar el tema de la edad en que se puede imputar delitos a los chicos, ¿por qué cree que ocurre eso?
En este país se informó mal que las garantías tienen que ver con que alguien es imputable o no imputable, o con las penas. Las garantías están en el debido proceso, en el juez natural, en la defensa. Acá entendimos que las garantías están en bajar las penas y agrandar los delitos.
Se confundió coacción con represión porque es un país donde se reprimió. Y de tanto que se reprimió, y tan mal, se piensa que la coacción es mala. Y la coacción es buena ordenadora. La coacción es una madre que le dice al pibe que, si no hizo la tarea, no puede ver la tele.
Los sistemas de responsabilidad penal juvenil viven fracasando. Está la ley 22.278, que es de la dictadura. Entre los 16 y los 18 años, un pibe está en el limbo. Tampoco tiene debido proceso. No es tanto que suban o bajen la pena sino qué procedimiento justifica la intervención de Estado en la punibilidad de un chico.
Además, la edad biológica no es representativa. Hay chicos de 11 años que tienen las cosas muy claras y "chicos" de 40 años que todavía no. El discernimiento no pasa por la edad biológica.
Los hogares e institutos donde se interna a los chicos, ¿tienen que seguir existiendo? ¿Son necesarios?
Soy partidario de empezar a sacarle los acentos a la palabra modelos y ponérselos a la palabra modalidad. Con solo cambiar la modalidad, puede cambiar una casa. Hay hogares de tránsito que pueden ser hogares de acogimiento y gente voluntaria que trabaja con subsidios del Estado para institutos que, si dan amor, están bien perfilados.
La Corte Interamericana jamás dijo "cerremos los institutos" sino "démosle humanización y hagamos lo más parecido a una estructura familiar".
Los chicos pueden estar en una familia que, si no tiene estructura de familia, puede ser fatal. Pueden estar en una estructura de adultos con cobijos y acompañamiento si tienen estructura familiar.

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