Carolina Fernández es terapeuta gestáltica y una estudiosa de las culturas y los ritos del mundo. A ella El Tribuno le consultó acerca de ciertos aspectos del árbol navideño cuyos significado desconocemos y, tal vez por ello, repetimos mecánicamente.

¿Qué no puede faltar en el árbol de Navidad?
No pueden faltar las luces, que simbolizan las velas o antorchas que se usaban en otras épocas y la presencia del Dios Sol, ya que el 21 de diciembre se festeja una fiesta pagana que es la de Yule, el solsticio de invierno en el hemisferio Norte. Tampoco las bolas. En un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Pero hoy en día se acostumbra colocar esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres. El árbol de Navidad debe tener de 24 a 28 esferas, dependiendo de los días que tenga el Adviento, que se van colgando desde el 8 de diciembre hasta la Nochebuena y cada una se acompaña de una oración o un propósito. Por último, los lazos, que representan la unión de las familias y los seres queridos.

¿Por qué se ponen estrellas, campanas y cascabeles?
Las campanas eran para ahuyentar los malos espíritus que pudieran acercarse a la casa durante la época de oscuridad (el invierno), al igual que los cascabeles. La estrella tiene más que ver con la orientación agrológica de predecir el futuro observando las estrellas y sus movimientos. Colocada en la punta del árbol, entre los católicos representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, en recuerdo de la estrella que guió a los Magos hasta Belén.

¿En el armado del árbol es bueno que intervenga toda la familia?
Es adecuado que intervenga la familia porque impregna con su energía el árbol que simboliza la continuidad de la vida y la abundancia, ya que cuando se lo elige suele tratarse de un pino o un abeto y los dos son perennes. En el caso de los paganos elegían un roble y lo decoraban porque este sí perdía sus hojas en invierno y decorándolo pensaban que lo protegían del mal tiempo.

¿Es aconsejable poner adornos de varias generaciones?
Eso sería un ritual especial en cada familia para no dejar afuera el linaje o a los antecesores, honrando la sabiduría que es transmitida de generación en generación.

¿Hay que renovar el árbol todos los años, cada siete años como se dice o es indistinto?
Cambiarlo cada siete años tiene que ver con los ciclos y teniendo en cuenta la Biblia y el sueño del faraón que luego es interpretado por José, de siete años de vacas gordas y siete de vacas flacas, se cambia cada siete años para contrarrestar la falta de abundancia.

¿Hay elementos asociados a la buena suerte y la prosperidad en el árbol navideño?
Sí y tienen que ver con los colores que usamos para adornar el árbol. El verde es el color de la vida, de la naturaleza y de lo fecundo. Es verde es todo aquello que se propicia durante el solsticio de invierno. El rojo también tiene un significado antiguo, como color del fuego y de la sangre, no ligada a la muerte sino en su sentido vital. El dorado, color de la luz divina, también lo es del sol, del oro y de las espigas maduras de las que la gente dependía para sobrevivir. En ese aspecto, propicia también la prosperidad. Las velas, las guirnaldas y las bombitas están relacionadas con el fuego y, por lo tanto, con la purificación. En casi todas las antiguas religiones le daban este sentido: el fuego cierra un círculo que se reabrirá cuando todo renazca.

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