Los integrantes del Grupo Carta Abierta, luego del episodio de los bolsos de dinero de José López, el monasterio y el desfile de exfuncionarios por las dependencias de Comodoro Py, se vieron en la obligación de dar una respuesta: "No se puede destruir un colectivo social", sostuvieron. Y agregaron que "aun en las más difíciles encrucijadas, late una memoria indemne". En esta coyuntura, afirmaron que "el vituperable caso de López será un asterisco doloroso que servirá de advertencia para todos los movimientos sociales y democráticos".
En un esfuerzo dialéctico titánico, pretenden diseccionar al kirchnerismo, separando el "asterisco" doloroso de lo que sería la gesta emancipadora de los últimos diez años. No obstante, un párrafo arruina la carambola, cuando afirman que el kirchnerismo "es un gran nudo paradojal, donde los no justificables "flujos ilegales" se entrelazan con movimientos de reivindicación de temas decisivos que no es difícil rememorará". El "nudo paradojal" se torna gordiano, pues parece quedar claro que kirchnerismo y corrupción son indivisibles. Casi simbióticos. Tras cartón, sostienen que como durante más de diez años fueron quienes representaron cabalmente a la democracia igualitaria, cualquier otra gestión del poder sólo merece reproche.
Esta total carencia institucional es lo que entrelaza poder y corrupción. La destrucción sistemática del control republicano en pos de la declamada democracia igualitaria, engendra en su desarrollo la impunidad. Cuando Carta Abierta, de manera permanente acusa al macrismo de ser un mero agente del poder económico concentrado, está descartando de plano la idea original de la Constitución y la ley: un sistema de control, frenos y contrapesos que equilibren a veces de manera inestable la enorme cantidad de intereses que tenemos los seres humanos (incluidos los macristas, claro está). Idea que el kirchnerismo efectivamente rechazó, en pos de una "democracia" sin control, pero impregnada de su idea de verdad.
Vale la pena volver a James Madison, que ya vio y puso en palabras hace más de 200 años esta realidad: "La ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición. Si los hombres fueran ángeles, el gobierno no sería necesario el objetivo constante es dividir y organizar las diversas funciones de manera que cada una sirva de freno a la otra para que el interés particular de cada individuo sea un centinela de los derechos públicos" (El Federalista, LI).
Carta Abierta rechaza enfáticamente la idea de control tan bien expuesta por Madison: la república democrática intenta equilibrar la ambición humana con control, división del poder y organización. Los intereses contrapuestos de los distintos actores sociales serán en definitiva las correas que hagan funcionar el principio de división de poderes. Esta lucha de intereses requiere que ciudadanos comprometidos abracen la idea republicana plasmada en la Constitución. Lo contrario se asemeja a la supuesta democracia que propone Carta Abierta: poder sin control, que entrelaza acción y corrupción, todo paradojalmente anudado.
Como sociedad, debemos hacernos cargo de la dinámica kirchnerista y sus consecuencias y volver a la idea madisoniana de república democrática real con una verdadera división de poderes.

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