Todas las mañanas desde hace 22 años Mariano Fabián saca su bicicleta para repartir el diario El Tribuno en Molinos. Tiene una ceguera casi total pero, como conoce tanto las calles del pueblo, llega sin problema a cualquier lugar. Asegura que ama lo que hace. La Municipalidad, don Eladio y Carmen Rueda son algunos de los casi 100 clientes que compran el diario en este pueblo de los Valles Calchaquíes.
Mariano nació en la finca Tacuil, donde tenían ganado vacuno que salía a cuidar por los cerros. "Trabajaba con frío y con lluvia. Mucho esfuerzo. En la finca de Dávalos plantaba y sembraba con los peones. Era sacrificado el trabajo en el campo", cuenta de esos años. "Después me he venido a Amaicha con los señores Ramírez. Ahí he aprendido a tejer ponchos", dice y recuerda que también hacía de monaguillo en la iglesia.
Con la gente del Museo de la Plata trabajó muchos años en El Churcal, entre Molinos y Seclantás. "Cuando era empleado de la Municipalidad siempre colaboraba con ellos, hasta que descubrieron las casas, sacando los cerámicos. En El Churcal hay un pueblo indígena y otro en Tacuil, donde vivían los antiguos, como decimos nosotros a los indios que había antes, que están sepultados en las ollas", relató.
"Ha cambiado mucho Molinos. Antes el pueblo era hasta la escuela nomás. Cuando ha llegado la democracia, se ha venido todo para acá (hacia el barrio nuevo, donde vive). Sigue extendiéndose. Es mucho mejor ahora con más habitantes y más negocios. Antes no había tanta comodidad", remarcó. "Me gusta vivir aquí. La ciudad no me gusta".
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<div>Las manos de don Fabián: trabajo, sacrificio y alegría.</div><div><br></div>
Las manos de don Fabián: trabajo, esfuerzo y alegría.
Mariano tiene hermanos y hermanas en Amaicha y en San Lorenzo: Julián, Leoncio, Marta, Emiliana y Felipa. Su esposa, Nicolasa Alancay, de 71 años, una hábil tejedora, vivió en la finca Hualfín y en el puesto Compuel, a unas cuatro horas a caballo. Ella trabajaba en la Hacienda de Molinos y tejía para los Zuleta, cuando hizo un tapiz. No conserva ningún tejido porque se vendían todos. Ahora se dedica a su casa donde viven con una hija, nietos y nietas. Los otros se han ido de la casa.
Este matrimonio tiene ocho hijos: Carlos, Estela, Marcelino, Socorro, Ángel, Verónica, María Eugenia y Marina. Tienen más de 20 nietos y ya son bisabuelos. "Sueño con dejar una casa para mis hijos, pero no se puede por cómo está la situación. Esta carísimo. Cada vez va peor esto", se lamenta Mariano.
Su hija Verónica es maestra de escuela y junto con su marido ayuda a su papá a repartir diarios cuando él necesita. "Por ejemplo, ahora está ventoso, él no puede salir", explica.
"Ha cambiado mucho Molinos. Antes el pueblo era hasta la escuela nomás. Con la democracia, se ha venido todo para acá" Mariano Fabián, diarero de Molinos
"Antes al diario lo traía Marcos Rueda", recuerda Mariano. Ahora llega entre las 6.30 y las 8. "A veces llega a la tarde, pero igual se vende, sobre todo el sábado, que es el día en que hay más clientes", cuenta.
"Hasta mientras pueda, lo va a seguir haciendo. Pero encárguele que no sea renegón", dice Nicolasa, que no quiere que su esposo siga trabajando. "Cuando no pueda, ya aviso", le responde Mariano. "Lo hago para no aburrirme. Con eso salgo, converso con uno, converso con otro. Voy chusmeando. Voy a la Municipalidad, a la casa de los amigos, al hospital, a los curas y me quedo charlando ahí. En una hora, hora y media está listo", relata.

El Churcal

De acuerdo con un trabajo hecho por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata, los asentamientos indígenas de "El Churcal se encuentran aproximadamente 8 kilómetros al norte de la actual población de Molinos, sobre un pie de monte en la margen occidental del río Calchaquí. Sus remanentes arquitectónicos (...) señalan que es uno de los más importantes asentamientos tardíos del sector central del valle Calchaquí, tanto por sus dimensiones como por su complejidad".
Según las fuentes que citan, "el sitio habría sido ocupado entre los años 1100 y 1350".

Tacuil

Tacuil cuenta con un fuerte que en 1924 se transformó en un cuento de Juan Carlos Dávalos. Dice la leyenda que el pueblo diaguita resistió en ese lugar la invasión española durante cinco meses. Al verse rodeados, los adultos entregaron sus hijos a los sacerdotes invasores pero decidieron no rendirse y terminar su vida saltando al vacío.

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· Hace 8 meses

Un ejemplo de vida, cuando se quiere trabajar. Aprendan la CTA, el PO, la CCC, los piqueteros, los ocupas, hay trabajo

Re KennethU
Re KennethU · Hace 8 meses

Y me pregunto si nadie puede hacer nada para curar la ceguera de este buen hombre.