Todos los testimonios que se presentaron en el juicio por la muerte de Noelia Rodríguez son un cúmulos de pruebas en contra de Aldo Darío “Gringo” Vargas, acusado junto a su esposa de asesinar y desaparecer el cuerpo de Noelia Rodríguez.
Las evidencias apuntan claramente a la culpabilidad directa de uno de los acusados. Pero todavía no hay indicios que desenmascaren el plan de la pareja acusada para deshacerse del cuerpo de la joven Guachipeña.
Las pruebas van desde los testimonios; el cruce de llamadas; los mensajes de texto y datos puntuales de ubicación de cada uno de los actores de esta novela policial en tiempo y espacio.
El pueblo de Guachipas es pequeño y todos se conocen. Allá en el sur del Valle de Lerma y a unos 95 kilómetros de la capital salteña, toda una comunidad está pendiente de las declaraciones de vecinos de esa localidad. Se sospechó siempre que Vargas quería deshacerse de Noelia porque su mujer Carina “Tutú” Cardozo lo tenía entre ceja y ceja por su infidelidad manifiesta y pública. Ya lo había apuñalado por el mismo motivo. Seguían juntos, pero Vargas insistía con Noelia. La víctima estaba enamorada de él.
El juicio se reanudará este miércoles. Pasarán a declarar los policías y técnicos que tuvieron a cargo la pesquisa en los teléfonos, claves en la investigación.
Comprometido
Durante las audiencias compareció a declarar Marcelo Gustavo Reynaga, vecino de Vargas, quien ratificó que el día lunes 5 de mayo, estando en la casa de su madre contigua a la de Vargas, como al mediodía Aldo Darío Vargas en estado de ebriedad manifestó que lo acusaban de algo que no había hecho, siendo que aún no se había denunciado la desaparición de la joven.
También señaló que el acusado Vargas le vendió una bicicleta porque decía que “necesitaba 4 mil pesos para pagarle a un abogado”.
Otra joven vecina y excompañera de Noelia, Lucrecia R. dio detalles de los mensajes recibidos desde el celular de Noelia, después de ese fatídico domingo 4 de mayo del 2015.
En los mensajes le contaba detalles de su vida personal que le resultaron llamativos, dada la personalidad reservada de Noelia.
Otro jugoso testimonio fue de Gustavo T. el cuidador de las estufas comunitarias. El hombre dijo en su declaración que conocía a Vargas y siempre lo observaba por la cuadra de las estufas. “Era reconocible su caminar “bambaco”. Esa noche yo tenía estufada, era domingo y lo vi salir de su casa después de las 22 hacia el potrero que da a la parte de atrás de su vivienda. Iba con una chica que tenía pelo largo. No era su mujer, era más delgada y un poco mas alta”, aseguró.
En tanto, José Cayetano Sulca testigo y primo de Vargas declaró con fisuras e inconsistencias. Adujo no recordar detalles entre el domingo 4 de mayo y los días posteriores a la desaparición de Noelia.
Todos los caminos del vecindario de Guachipas apuntan a Gringo sus dardos de verdad.

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Sección Editorial

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