Un perfil psicológico de Fidel Castro en el que aparece como un dictadorzuelo tropical y un líder de masas, simultáneamente, fue construido por la CIA en 1961. Ese informe se exhibe hoy en la Biblioteca Presidencial y Museo John F. Kennedy de Boston como una antigüedad pintoresca o recalcitrante, según el punto de vista ideológico que se tenga sobre el exconductor de Cuba fallecido.
El método de exploración de la personalidad en los EEUU de aquellos años, usados por la mayoría de los psicólogos, era el conductismo, es decir que la persona se examina como un conjunto de relaciones entre estímulos y respuestas. Ese conductismo usó la CIA para concluir que Castro era "psicópata".
El efecto buscado por la CIA con ese informe de acuerdo a la estrategia del Pentágono, era irradiar miedo a la población cubana al conocerse quién era el sujeto que la conducía. El hecho buscó ser una suerte de "faro científico" al usar al conductismo para la acción psicológica de la CIA. Es decir, un parte de batalla más en la Guerra Fría.
Castro fue descripto con mucho goce porque según la agencia de inteligencia gustaba "sentirse adulado por la masas" con "enormes ansias de permanecer en el poder" y necesitaba enfrentarse "a un adversario para que su existencia sea perfecta" . Era el "Castro neurótico y narcisista", pero no loco, de hace 55 años atrás.
La CIA con un staff de psicólogos conductistas decidió medir en Castro algunos rasgos de su personalidad, otra estrategia más de la agencia para con su archienemigo.
El azar y la indeterminación en la historia de líderes no siempre son ponderables, y es por eso que el conductismo es discutible al creer que el sujeto es totalmente calculable reduciéndolo a números y coeficientes.
Los psicólogos de la CIA con este informe, habían quedado lejos pero muy lejos de las palabras de Sófocles. El dramaturgo hizo decir a uno de los coros de su celebrada "Antígona" (2.500 años antes de Cristo) que "Nada es más asombroso que el hombre"; asombro como reacción inevitable ante el único de los seres vivos que siempre rebasa todo cálculo y previsión.
Hay al menos en la biografía de Castro algo que no conocemos de la historia, es qué respondió al enterarse del psicodiagnóstico de "guerra" que hizo circular la CIA.
Castro en su juventud leyó al psicoanalista Sigmund Freud. Confinado y condenado en la Isla de Pino por fracasar en la toma del cuartel de la Moncada que dirigió contra el dictador Batista, se carteó con Natalia Revuelta, el 1 de marzo de 1954.
Le cuenta que en la celda tiene los libros de Freud. "Ya poseo -escribió- cuatro tomos de sus obras completas y espero pronto el resto; son 18 en total, Los he estado leyendo y encierran un mundo interesante en teorías. Quiero persuadirme por mi mismo de su valor" y luego se refiere a cómo Freud sondeó a los personajes de Dostoievsky desentrañando el inconsciente de cada uno de ellos.
En los años de presidio de Castro, la obra de Freud, posición contraria al conductismo, había ingresado a América Latina. Una de las aficiones de Castro fue no desconocer el horizonte de su época para poder incidir en ella.

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