Arrasado por el huracán que sucedió a la tragedia, el Chapecoense comienza este lunes el resto de su vida, con un último consuelo: haber sido declarado campeón de la Copa Sudamericana. Aunque el reto más complicado será ahora llenar el vacío de los que se fueron. En las montañas de Medellín se quebraron el presente y el futuro de un equipo que tras 43 años de lucha, alegrías de un día y décadas de olvido había conquistado al continente con su increíble aventura. Un sueño impensable cuando en 2005 estuvo a punto de desaparecer. La decisión de la Conmebol de adjudicarle el título, con los dos millones de dólares que van con él, contó con la total aprobación del Atlético Nacional, que debía ser su rival. “Campeones eternos, por el honor y el mérito”, señaló en un tuit el club colombiano. “Es justicia”, dijo Ivan Tozzo, presidente en ejercicio de Chapecoense, que había reflotado al club de Santa Catarina (sur de Brasil) junto al presidente, Sandro Pallaoro, fallecido en el accidente en el que murieron 71 de las 77 personas que iban a bordo.

Volver a empezar

“Perdimos prácticamente todos nuestros valores. Todo lo que habíamos conseguido, tendremos que empezar de cero. Desde que en 2009 estábamos sin disputar ninguna categoría (nacional) hasta la Serie A”, había afirmado Tozzo el miércoles. “A partir de la semana que viene tendremos que empezar a pensar porque no tenemos 11 jugadores para poner en el campo. Necesitamos muchísimo el apoyo de todos los clubes y principalmente de la CBF y de la emisora Globo”, añadió. El mundo asistía entonces estremecido a la tragedia de este club valiente al que la desgracia le había arrancado la vida y los mensajes de apoyo llegaban en tromba al Arena Condá.
En apenas dos días, 13.000 personas solicitaron asociarse a un equipo que hasta el momento contaba con 9.000 abonados, mientras el fútbol brasileño se ofrecía para asegurar la supervivencia de un Chapecoense que no tenía fuerzas para pensar en el futuro. Ya en las primeras horas, muchos clubes se ofrecieron a prestar jugadores y solicitaron a la CBF que el verdao no descienda de categoría en los próximos tres años.

La amenaza del olvido

A pesar de que el horror paró el tiempo en Chapecó, el frenético calendario del fútbol brasileño sigue corriendo. Exhausto y con la ilusión consumida, el club debe lanzarse a una carrera contrarreloj para armar un equipo competitivo en apenas dos meses. Un grupo emocionalmente fuerte para enfrentarse al abismo del primer partido después del luto y capaz de romper el silencio fúnebre de un vestuario con 19 huecos imposibles de llenar. Para cimentar su reconstrucción, cuenta con los diez jugadores que no viajaron a Medellín y los jóvenes del equipo sub-20, que ya anunciaron que quieren dar un paso al frente. Aunque había conseguido una envidiable salud económica en un fútbol brasileño donde los números cuadran raramente, la tragedia dejó también al Chapecoense frente a una delicada situación financiera. Los ingresos de dos millones de dólares por el título de la Sudamericana darán un respiro. En total, el club recaudará 3.925.000 dólares, sumando los montos cobrados por cada etapa. Si la FIFA, empresarios o algún gran club concreta su solidaridad con ayudas económicas, la situación puede ser incluso mejor. El mayor enemigo de su futuro incierto es, sin embargo, la amenaza del abandono. Mientras observaba bajo la lluvia cómo salían los últimos féretros del Arena Condá, Gilberto Escher dudaba de lo que vendrá. “Espero que se cumplan las promesas, pero no lo creo. En el momento del dolor todos quieren ayudar, pero luego se cae en el olvido”, afirmó este vendedor de 46 años en una grada empapada.
La dolorosa reconstrucción del Chapecoense puede llevar años. Así le ocurrió al Torino devastado por la tragedia de Superga donde perdió a 18 jugadores y a toda su delegación en 1949. Tuvieron que pasar casi 30 años para que aquel equipo que volaba rumbo a su quinto título consecutivo volviera a conquistar un trofeo. Aunque tardó menos tiempo en levantar cabeza sobre los gramados, el Manchester United que vivió el desastre aéreo de Múnich en 1958 -donde murieron 23 personas, entre ellos ocho jugadores- demoró una década en ganar por primera vez la Copa de Europa. Lo hizo, además, bajo los mandos de Matt Busby, superviviente de la tragedia. Casi seis décadas después del accidente, Old Trafford sigue homenajeando cada 6 de febrero a los héroes que se fueron en aquella helada noche de invierno boreal regresando de Belgrado. Solo el tiempo aclarará el complejo horizonte de un Chapecoense que busca ahora retomar el aliento para poder mirar al frente y recuperar la ilusión por jugar al fútbol. “Era inimaginable a lo que llegó el equipo. Ahora estamos llorando a las personas, pero el club va a buscar fuerzas para ser aún más grande”, afirmó el arquitecto de 30 años Gleison Loraschi mientras despedía a sus ídolos. “Yo voy a seguir viniendo a todos los partidos, ahora con más pasión y ganas de ayudar que nunca”, zanjó. Entre las ruinas, el Chapecoense se aferra a la vida.

Fuente: NA

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