Sorprendió hace poco la decisión de los legisladores taiwaneses de crear una ley de protección de jóvenes y bienestar de los niños por la cual, los menores de dos años no podrán usar iPads y otros dispositivos electrónicos similares, llegando a acarrear importantes multas para los padres si se saltan la norma. ¿Tiene algún sentido esta ley? ¿Podría haber otros países que la replicaran en sus territorios? Aún no se sabe, sin embargo, en el mundo mucho se habla de la necesidad de ofrecer otros atractivos a los chicos por fuera de los dispositivos tecnológicos. El mismísimo libro del fallecido Steve Jobs cuenta que él restringía a sus hijos el uso del iPad y el iPhone y en cambio, fomentaba la lectura y el debate de libros y películas. Así también otros grandes de la tecnología como Bill Gates o Ev Williams (Creador de Blogger y Twitter) es sabido que se preocupan porque sus hijos se nutran de experiencias con el mundo e intentan evitar el daño que ocasiona el abuso de los aparatos tecnológicos que hoy rigen la vida de millones de personas.
El 50% de la inteligencia de su hijo vendrá determinada por sus genes, según un estudio reciente publicado en la revista Psiquiatría Molecular. Su relación con el medio a lo largo de la infancia, la adolescencia y la vida adulta terminarán de construir el jeroglífico. ¿Y qué función tienen los padres en esto? "Sin los padres, el potencial intelectual del niño no se puede desarrollar", asegura Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres. "La llave del desarrollo potencial del cerebro del niño está en las relaciones con sus padres. Aunque la genética tenga un peso importante, sin esa presencia no se convertiría en realidad".
También explica que el desarrollo cerebral no es un proceso que pueda acelerarse sin perder sus propiedades: "Si a un niño lo llenamos de conocimientos pero no permitimos que desarrolle su capacidad, no lo hacemos más inteligente. Lo hacemos más sabiondo. Quizá con estos programas parezca que el niño avanza más que sus compañeros, pero al final los compañeros lo alcanzan y ellos habrán perdido otras capacidades que tienen que ver con el juego libre y el desarrollo de la creatividad.
La tecnología sólo es un complemento: "El smartphone y las tabletas generan estímulos tan rápidos e intensos que el cerebro de los pequeños no tiene capacidad para manejarlos. "La tecnología nunca va a mejorar la capacidad de inteligencia de base", aseguró Bilbao.

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