China quiere un campeonato mundial

Pascual Albanese

China quiere un campeonato mundial

La participación del Guangzhou Evergrande en el campeonato mundial de clubes realizado en Japón, donde fue eliminado en la ronda semifinal por el Barcelona, puso sobre el tapete la decisión del Gobierno chino de erigir al coloso asiático en una potencia futbolística mundial.
No se trata de un capricho sino de un objetivo estratégico. En un escenario global en que el "soft power" (poder blando) tiende a ganar espacio frente al "hard power" (poder duro), Beijing considera que sobresalir en el deporte mundial por excelencia es una necesidad para incrementar el prestigio internacional de China.
La mitad del Guangzhou es propiedad del gigante de comercio electrónico Alibaba (conocido internacionalmente como "el Amazon chino"), que compró la publicidad estática de las transmisiones televisivas del torneo mundial de Japón, presenciadas por centenares de millones de personas en los cinco continentes. Jack Ma, el dueño de Alibaba y uno de los mayores multimillonarios chinos, adquirió el año pasado esa participación accionaria en el club más poderoso de China por un equivalente de 170 millones de euros.
El presidente Xi Jinping, quien en su juventud se destacó como jugador amateur, sostuvo que en relación al fútbol chino tenía tres grandes sueños personales: "Volver a clasificarse a un mundial, organizar una Copa del Mundo y ser campeón del mundo". No se trata de una meta sencilla. En el último ranking mundial de la FIFA, China figura apenas en el puesto 84. La última vez que se clasificó para jugar un campeonato mundial fue en 2002, cuando sus vecinos Corea del Sur y Japón fueron los anfitriones y por lo tanto no participaron de la ronda eliminatoria.
En aquella oportunidad, la selección china fue eliminada en la primera fase, tras perder los tres partidos y sin marcar un solo gol.
Empresas en acción
No resultó casual entonces que el viaje oficial que hizo Xi Jinping al Reino Unido en octubre pasado haya incluido una visita al Manchester City, difundida internacionalmente a través de una "selfie", en la que el mandatario chino aparecía sonriente junto al primer ministro británico, David Cameron y al Kun Agero, el jugador argentino estrella del equipo inglés.
Pero aquel gesto de Xi Jinping adquirió todo su sentido semanas después, cuando el Manchester City reveló que un grupo inversor encabezado por China Media Capital y el fondo Citic Capital había adquirido por 400 millones de dólares el 13% de las acciones del City Football Group (CFG), al que no sólo pertenece el Manchester City sino también el New York City de Estados Unidos, el Melbourne City, de Australia y un porcentaje del Yokohama F. Marinos, de Japón.
Li Ruigang, titular de China Media Capital, será parte del directorio del Manchester City.
El magnate no es un desconocido en el mundo futbolístico.
En 2014 adquirió los derechos de transmisión de la liga china de fútbol, el deporte más visto en China.
Para tener una idea de la dimensión de ese negocio, en la televisión mundial todavía se recuerda que la final del campeonato mundial de Sudáfrica, en el que la selección oriental no participó, y que se jugó a las 2.30 de la madrugada, hora de China, fue presenciada por 58 millones de televidentes.
No se trata de una iniciativa aislada. Junto a China Media Capital, cada vez son más las empresas chinas que desembarcan en el mundo del fútbol. Dalian Wanda, originariamente un conglomerado de bienes raíces, compró el 20% de las acciones del Atlético de Madrid en 45 millones de euros.
El grupo chino, interesado en ampliar sus actividades en el rubro del entretenimiento, es propietario de la cadena de cines AMC en Estados Unidos.
Rastar, otro conglomerado chino de la industria del entretenimiento, compró el 56% de las acciones del Español de Barcelona, con un desembolso de 17 millones de euros.
Política de Estado
Pero esta estrategia empresaria de penetración en los clubes europeos aparece ahora acompañada por un ambicioso plan nacional de reforma integral de la práctica futbolística, cuya autoría no corresponde a las autoridades de la liga nacional de fútbol, sino nada menos que al Comité de Reformas, que en China guía las grandes transformaciones estatales.
Alentados por el éxito obtenido con los Juegos Olímpicos de 2008, los chinos se plantean como meta la organización del campeonato mundial de 2026.
A tal fin, se estableció la enseñanza obligatoria del fútbol en todos los establecimientos educativos primarios y secundarios.
A partir del año próximo, 200 millones de niños y adolescentes chinos se adiestrarán en la práctica intensiva del fútbol.
En 2017, China contará con 20.000 escuelas equipadas con canchas de fútbol.
El objetivo es producir 100.000 jugadores, con la esperanza, estadísticamente fundada, de que entre ellos puedan surgir once de primer nivel mundial.
Los estudiantes contarán con el auxilio de un manual de siete volúmenes, publicado por la Editorial Popular de Educación, que incluyen una aplicación que permite que sean leídos en teléfonos celulares y acceder a videos de entrenamiento.
Los textos cubren tópicos que van desde las reglas básicas del fútbol hasta tácticas y estrategias de juego, enseñanzas de cómo trabajar en equipo y lecciones de moral deportiva.
Para incentivar el espíritu nacionalista de esta cruzada deportiva, los chinos acuñaron la teoría de que son ellos, y no Gran Bretaña, la cuna del fútbol.
Sostienen que hace más de 2.000 años existía en China un juego llamado "cuju", en el que competían dos equipos de doce jugadores, con una pelota maciza de cuatro piezas de cuero cocidas, en un campo cerrado entre cuatro paredes, con dos árbitros y reglas que evocan al fútbol moderno.
Para fortalecer su autoestima, reivindican también a un "Pelé chino": Lee Wai Tong, quien jugó entre 1922 y 1947, un delantero que en su dilatada carrera fue autor de más 2.000 goles, al que en 1928 la Confederación de Fútbol de Asia le otorgó el título de "Rey del Fútbol en Asia" y que en 1976 fue elegido por una revista deportiva de la República Federal Alemana, junto con Pelé, en una reseña histórica, entre los "cinco reyes del fútbol mundial".
A través de una estrategia que combina el aprendizaje del "management" de los grandes clubes europeos con la enseñanza masiva del deporte entre sus estudiantes, China se pone en marcha para transformarse en una potencia futbolística mundial. No es improbable que lo consiga.

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