El Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCH) aprobó el texto del décimo tercer Plan Quinquenal, que traza la política para el período 2016-2020, centrada en la construcción de lo que, con exquisitez oriental, se define como "una sociedad modestamente acomodada", a través de la redefinición del modelo de desarrollo y la aceleración de las reformas estructurales.
El documento profundiza la línea del Duodécimo Segundo Plan Quinquenal, aprobado en 2010, que planteó una modificación de las prioridades estratégicas para reorientar el crecimiento hacia el consumo doméstico privado, en beneficio del nivel de vida de la población, a partir de cuatro instrumentos: el impulso de un desplazamiento demográfico desde las zonas rurales de bajo rendimiento productivo hacia los núcleos urbanos con mayor oferta de empleo, la promoción de los servicios como una fuente de empleos de mejor calidad, la elevación de los niveles de calificación de la fuerza de trabajo y el aliento a la innovación. En su camino hacia el cumplimiento de esos objetivos, la economía china experimenta drásticas modificaciones. El modelo de industrialización acelerada, que explotaba la ventaja comparativa de la existencia de una mano de obra abundante y barata que migraba del campo hacia las ciudades en búsqueda de un mejor nivel de vida y se empleaba con bajos salarios en industrias mano de obra intensiva, ha quedado atrás. Los salarios chinos han crecido en los últimos años. La China de hoy casi no tiene nada que ver con la visión estereotipada de quienes la miran con ojos de su pasado reciente.
China se ha adentrado a pasos agigantados en el terreno de la robótica. En 2014 contaba con el 25% de los robots industriales del planeta, lo que significada un aumento del 54% en relación al año precedente. Para 2017, ocupará el primer lugar en capacidad manufacturera sustentada en la robótica. Sólo en la provincia de Guandong, el gobierno local planea invertir 154.000 millones de dólares en la introducción de robots industriales, para lograr que en 2020 el 80% de la capacidad fabril de la ciudad de Guangzhou, capital del estado, esté robotizada. Programas similares se adelantan en Jiangsu, en el delta del Río Perla, otro de los epicentros industriales del país.
La obsesión china en la automatización de su producción tiene que ver con una exigencia de competitividad: la necesidad de evitar la migración de sus industrias hacia países asiáticos de mano de obra más barata o a las fábricas crecientemente robotizadas del mundo desarrollado. De allí el correlativo interés de Beijing en estimular la innovación, a través de la promoción de la revolución digital, no solo en industria sino también en los servicios.
Reformas económicas y sociales
El eje de la nueva política planteada por el Décimo Tercer Plan Quinquenal es el avance en la apertura del sistema financiero. Los bancos estatales chinos actúan como rueda de auxilio de la ineficiencia de las empresas estatales. La liberalización financiera implicará el cese de esa ayuda y obligará a la eficiencia en esas firmas y en muchos casos a su cierre o privatización.
Paralelamente, la decisión de apresurar el paso hacia la convertibilidad del yuan, para erigir a la moneda china en una cuarta moneda de reserva mundial, como el dólar, el euro y el yen, supone la paulatina eliminación de los controles al ingreso y egreso de divisas. Esto permitiría transformar a Shangai en uno de los grandes centros financieros de Asia, junto a Hong Kong y Singapur.
En Shangai se desarrolla un experimento gigantesco, que tiende a otorgarle la condición de zona de libre comercio, con un "status" legal semejante al de Hong Kong. Esto incluye la liberalización de la tasa de interés y la plena convertibilidad del yuan y una amplia apertura para la radicación de empresas transnacionales sin las limitaciones que subsisten en el resto de China.
Desde la apertura impulsada por Deng Xiaoping en 1978, que comenzó con la implantación de las "zonas especiales" con un régimen legal más flexible para la inversión extranjera, los chinos siempre fueron adictos al método experimental para la introducción de reformas. Cualquier iniciativa se aplica primero en uno o varias ciudades o regiones y luego, a partir de la evaluación de los resultados, se las generaliza o no.
Basta de hijos únicos
Pero entre las decisiones más trascendentes incorporadas en el nuevo Plan Quinquenal, que por su dimensión representará en el futuro un cambio de fondo en la fisonomía de la sociedad china, figura la eliminación de la política del hijo único, establecida en 1980 para controlar el crecimiento de la población en un país amenazado por el hambre. A partir de ahora, todas las parejas podrán tener hasta dos hijos. Es obvio que esta determinación promoverá una expansión demográfica que contribuirá fuertemente a la preciada expansión del mercado interno, con un sostenido aumento de la demanda de alimentos.
Según los expertos, la política del hijo único evitó que China, que tiene 1350 millones de habitantes, tuviera hoy una población de 1.700 millones. En 2014, la población por debajo de 60 años, edad en que empieza la jubilación para las mujeres, cayó por tercer año consecutivo en 3.300.000 personas, para quedar en 917 millones. Esto hace que la población mayor de 60 años ascienda a más de 400 millones de personas, con el consiguiente encarecimiento del gasto en salud y seguridad social.
Por otra parte, la política del hijo único, aunque flexibilizada en los últimos años, causó un desequilibrio entre hombres y mujeres, dada la preferencia por los descendientes varones. En 2014, nacieron 116 niños por cada 100 niñas. Acumulada esa diferencia durante tres décadas, provoca un "excedente" de 34 millones de varones.
El dato políticamente relevante es que el Comité Central del PCCH, protagonista de estas decisiones reformistas, también es distinto que antes. Un total de 104 de sus 205 miembros han sido promovidos, degradados o removidos de sus cargos desde 2012, en el marco de la campaña anticorrupción lanzada por el presidente Xi Jinping: 81 dirigentes fueron transferidos a otras responsabilidades importantes, 16 fueron degradados a cargos menores y 7 fueron separados. Este cambio en gran escala es extremadamente raro en la historia y certifica la existencia de una renovación en la cúpula gobernante. China vuelve a reinventarse.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia