Luego de andar por más de 40 años en la Puna todavía no consigo una definición que contenga a esa vasta región argentina, inmersa en la altiplanicie de los Andes Centrales.
En líneas generales sabemos que está enmarcada por la Cordillera Volcánica a occidente y la Cordillera Tectónica a oriente, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Nada tiene que ver con la Puna de Atacama que se encuentra en un piso inferior, en Chile, a unos 2.600 m sobre el nivel del mar. Tampoco con el Altiplano boliviano, aun cuando es su continuación natural austral.
A la pregunta qué es la Puna hay varias respuestas si se la piensa desde lo geográfico, fisiográfico, geológico, mineralógico, florístico, faunístico, climático, hidrológico, demográfico, antropológico, arqueológico, entre otros múltiples enfoques. De allí que éste sea un tema recurrente en las charlas y conferencias tanto de académicos, científicos, guías de turismo, profesores, maestros y alumnos.
No hay una definición que englobe a todos los asuntos de la Puna, salvo -parafraseando a Borges- la propia palabra Puna. Una región en donde un día cualquiera representa, en 24 horas, las cuatro estaciones del año, con las gélidas noches y las tardes calientes. Con amplitudes térmicas extremas y radiación solar intensa.
Toda una combinación de agentes meteóricos que hacen explotar las rocas y convierten el paisaje en un desierto desnudo. Donde el viento juega a juntar las arenas y acumularlas en dunas; donde las serranías, especialmente hacia el oeste, parecen haber sido barridas por una escoba gigante. La Puna es un desierto en altura, a la sombra de las lluvias, lleno de singularidades.
Hay elementos icónicos que distinguen a esa región y entre ellos elijo cuatro: los volcanes, los salares, las tolas y las vicuñas. Por mencionar categorías que hacen a la gea, la flora y la fauna.
Volcanes y salares
Los volcanes forman toda la pared occidental de la Puna y constituyen el límite con Chile y también con Bolivia. Entre ellos se destacan los volcanes más altos del mundo que rozan los 7 kilómetros sobre el nivel del mar, tales como el Ojos del Salado (Catamarca) y el Llullaillaco (Salta).
Pero hay también cadenas volcánicas que atraviesan transversalmente la Puna como las de Coyahuaima (Jujuy), Quevar (Salta), Antofalla (Catamarca), y otras. Y también volcanes aislados como el Ratones o el Tuzgle. Están presentes toda clase de volcanes en sus composiciones petrológicas, formas y edades. Volcanes viejos ya destruidos por la erosión y otros muy jóvenes que muestran aún sus atributos de conos, chimeneas y cráteres. Estratovolcanes, domos silíceos, volcanes basálticos, extensos mantos de ignimbritas, forman parte del paisaje de origen ígneo de la Puna. Incluso las calderas volcánicas más grandes del mundo como la de Galán (Catamarca), de 40 km de diámetro, son gigantescos cráteres que representan el colapso de viejos volcanes.
Una ebullición magmática que dejó su huella indeleble en los páramos altoandinos. Los compañeros de los volcanes son los salares. Estos provienen en gran parte de aquellos. Los volcanes bloquearon espacios que fueron ocupados por los salares.
Esas depresiones naturales se rellenaron con los residuos provenientes de sus alrededores y en donde los materiales de origen volcánico, sean sólidos, líquidos o gaseosos, colmataron las cuencas. Las sales se formaron por concentración de elementos químicos y la evaporación de las aguas por la sequedad del ambiente. Entre esas sales se encuentran carbonatos, sulfatos, boratos y cloruros, que se distribuyen según su solubilidad, ocupando los cloruros (sal común) el centro. También se encuentra allí carbonato de calcio (travertinos, ónix), carbonato de sodio (coipa), sulfato de calcio (yeso), sulfato de sodio (mirabilita), borato común (ulexita), borato de sodio (bórax), además de las salmueras subsuperficiales portadoras de elementos químicos valiosos como el litio y el potasio.
El salar más trascendente en tamaño de la Puna Argentina es el de Arizaro (Salta), el tercero en tamaño de los Andes Centrales luego del de Uyuni (Bolivia) y Atacama (Chile). Otros salares importantes son el de Antofalla, Hombre Muerto, Centenario-Ratones, Pocitos, Rincón, Cauchari-Olaroz, Salinas Grandes, etcétera.
Es importante señalar que los salares nada tienen que ver con el mar como erróneamente se piensa en razón de las extensas superficies cubiertas por sal.
Tolas y vicuñas
La flora de la Puna también resulta singular en función de la sequedad, altura y salinidad de suelos y rocas. Hay regiones en el oeste de la Puna salteña donde los paisajes rojos marcianos no muestran ni la más mínima mata. Igual que en algunas superficies volcánicas o en donde las rocas contienen fuertes concentraciones de sales. La vegetación es más abundante en la Puna jujeña donde incluso se encuentran cardones, churquis y queñoas, estas últimas los árboles con anillos que crecen a mayor altura en el mundo.
Las yaretas que se desarrollan muy verdes y pegadas a las rocas en las serranías húmedas pueden tener cientos y hasta miles de años de antigedad.
En los campos que bordean a los salares aparecen plantas como la copa-copa, paja iru, rica-rica y añagua. En las playas de los salares se desarrollan algunas halófilas, esto es plantas tolerantes a las sales, como el pasto carrizo y, las yaretillas, con sus clásicas formas de almohadones verdes. Sin embargo una planta emblemática es la tola, un arbusto que crece cerca del borde de los salares y alcanza hasta 1 a 2 metros de altura.
Es una planta freatófira, o sea que su raíz va hasta el nivel freático donde se nutre de agua dulce con lo cual es una buena indicadora del líquido en zonas desérticas.
Castilla y Leguizamón escribieron la Zamba de Lozano que magistralmente interpretara Mercedes Sosa y que hace referencia a los tolares de la Puna jujeña, donde dice: "Cielo arriba de Jujuy/Camino a la Puna me voy a cantar/Flores de los tolares/Bailan las cholitas el carnaval".
En cuanto a la fauna, en la Puna se encuentran numerosos tipos de mamíferos (camélidos, zorros, roedores, etc.), aves (suris, guayatas, flamencos, patos, queos, etc.) y lagartijas, entre otros.
De todos ellos, tal vez el más icónico sea la vicuña, un camélido que vive en estado salvaje, a diferencia de la llama que está domesticada. La vicuña está legalmente protegida por su pelaje compuesto de las fibras más finas del mundo. Las poblaciones de vicuña han aumentado considerablemente y se las ve en tropas en los planos que bajan desde las serranías hasta los salares.
Las noches limpias con cielos estrellados, el viento blanco del invierno, la radiación ultravioleta y heliofanía, las tormentas de arena y remolinos, son también parte de la fenomenología climática y meteorológica de esa región excepcional.
Volcanes, salares, tolas y vicuñas representan algunos de los elementos icónicos más notables de la Puna y son parte de su paisaje y patrimonio geoturístico.
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