La ecuación es simple. Miles de millones de estrellas, solo en nuestra Vía Láctea, representan miles de millones de planetas orbitando alrededor de ellas. A esos planetas que están lejos de nuestro sistema solar se les ha dado en llamar exoplanetas (de "exo" en griego igual a externo), en directa oposición a los planetas internos que rodean a nuestra estrella, el Sol. Los exoplanetas están de moda y cada día se descubren algunos nuevos con lo cual la cifra supera el millar. Gracias a los potentísimos telescopios instalados en lugares claves, se ha podido calcular la cantidad de planetas rodeando a una estrella, su tamaño, la naturaleza de esa estrella y su grado de evolución, entre otros múltiples aspectos.
Toda vez que los astrónomos anuncian el hallazgo de un exoplaneta inmediatamente las preguntas giran alrededor de su posibilidad de vida.
Los más conservadores se conformarían con la presencia de agua, o una composición adecuada de la atmósfera, otros con algunas moléculas orgánicas, los más arriesgados con la potencial ocurrencia de alguna bacteria simple, y por supuesto no faltan los que inmediatamente consideran que hay allí civilizaciones avanzadas que ya han visitado la Tierra o van a visitarnos en cualquier momento. El delgado hilo entre la ciencia y la ciencia ficción se corta precisamente entre la incansable búsqueda de los astrónomos y la desesperación de no sentirnos solos en el universo. Especular con la pluralidad de los mundos habitados le costó la hoguera a Giordano Bruno. Superadas muchas barreras que encadenaron por siglos el pensamiento, hoy la búsqueda científica es frenética. Pero hasta ahora no se ha encontrado nada, definitivamente nada, que impida pensar que estamos absolutamente solos en el cosmos. Más allá de todo el mercadeo del fenómeno Ovni, alienígenas, conspiraciones de la NASA, películas de Hollywood, ciudades antiguas que fueron construidas por los extraterrestres y demás cuestiones por el estilo que abundan en el cine y en la literatura.

La hipótesis de otros mundos

Decíamos entonces que la ecuación era simple ya que si había miles de millones de planetas, sólo en nuestra Vía Láctea, cómo era posible que ninguno de ellos tuviera vida. Por el contrario, planteado como una simple cuestión estadística, si la Tierra está habitada y hay miles de millones de "tierras" orbitando otros soles, entonces algunas de ellas deberían estar habitadas. Ello llevó incluso a establecer una famosa fórmula de Drake en la que luego de aplicar numerosos factores se termina concluyendo que podría haber un planeta habitado, con una civilización desarrollada, a una distancia de 21.000 años luz. Por más que esto fuera una posibilidad, la probabilidad de establecer contacto igual sería imposible. Las leyes físicas establecen limitantes infranqueables.
Aún viajando a la mitad de la velocidad de la luz se necesitarían más de 40 mil años de travesía para alcanzar ese punto distante. El tiempo biológico, las constantes cósmicas y la energía para el desplazamiento son barreras aún para la más avanzada civilización que pudiera caber en nuestra imaginación.

Los exoplanetas

Los exoplanetas se descubrieron gracias a tecnología de avanzada, aún cuando ya fueron sospechados por algunos sabios de la antigua Grecia y, desde entonces, a lo largo de la historia humana. La cuestión está en saber en qué etapa de su evolución se encuentran con respecto a su estrella madre, si forman parte de sistemas de estrellas simples o dobles, a qué distancia están de esa o esas estrellas, cual es el grado de bombardeo meteorítico o craterización de sus superficies, su masa, gravedad, entre otros cientos de parámetros físicos y químicos. La tentación inconsciente es asociar esa vida potencial a la existente hoy en la Tierra. Sin considerar que el hombre, y los animales y vegetales que lo acompañan son un producto de la evolución durante 3500 millones de años, desde una bacteria primordial, pasando por sucesivas líneas de vertebrados, hasta llegar a los primates. Hace pocos millones de años el hombre no existía y unas decenas de millones de años atrás el mundo estaba poblado por dinosaurios. Y a medida que bajamos al tiempo profundo solo logramos algunos gusanos que se arrastraban por el fango de los fondos marinos a inicios del Eón Fanerozoico. Si alguien hubiese visitado la Tierra hace decenas, centenas o miles de millones de años, otra hubiese sido la realidad biológica y la distribución de las masas continentales a su vista. Lo cierto es que la vida en la Tierra es un fenómeno propio y no replicable. Materia y energía, tiempo y espacio, agua y carbono son los ingredientes básicos con que se desarrolló la vida en nuestro planeta.

El dato científico

La Tierra se encuentra a una distancia del Sol que le permite tener agua en los tres estados: sólido (hielo), líquido y vapor, así como también un ciclo hidrológico activo. Si Júpiter hubiese entrado en ignición formando otro Sol, nuestro sistema sería el de una estrella doble y la vida en la Tierra hubiera sido imposible. Asimismo muchos eventos de magnitud, como los cambios globales en la química atmosférica, las megaerupciones basálticas continentales, la explosión de supernovas cercanas, los megaimpactos de asteroides y cometas. Las glaciaciones de alcance global, fueron sucesos catastróficos que torcieron el rumbo de la evolución biológica.
A propósito puede consultarse mi reciente libro: "Los desastres naturales: geológicos, climáticos, cósmicos. Prólogo del Dr. Douglas Burbank. Mundo Gráfico Salta Editorial, 170 p., Salta, 2016".
Si tomamos la Tierra como parámetro y buscamos por analogía otras "tierras exoplanetarias", estas deberán cumplir al menos con algunas condiciones esenciales como el estar a una distancia acorde de la o de las estrellas en caso de ser sistemas binarios o múltiples, que esa estrella sea estable, que tenga una edad de más de 3.000 millones de años, que posea agua líquida y un ciclo hidrológico activo, una masa que permita sostener una atmósfera y que ésta no sea pesada y aplastante, rotación, excentricidad e insolación adecuadas, entre otros múltiples y variados aspectos.
Una cosa es que esos exoplanetas hayan desarrollado algún tipo de vida y otra es que sean potencialmente habitables.
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Hasta ahora no se ha encontrado nada, definitivamente nada, que impida pensar que estamos absolutamente solos en el cosmos.
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Una reciente noticia da cuenta de tres planetas que orbitan alrededor de una estrella enana ultra fría, a 40 años luz de la Tierra, los que fueron descubiertos por un equipo internacional de astrónomos desde el observatorio La Silla, en el norte de Chile.
La existencia de estos mundos rojos orbitando alrededor de estrellas enanas ultra frías era puramente teórica. Consultado Max Rocca, miembro de The Planetary Society, responde: "Giran alrededor de una estrella roja así que en estos mundos la luz del día debe ser una luz muy roja y no blanca como aquí en La Tierra". Julien de Wit, señaló que gracias a varios telescopios gigantes actualmente en construcción, pronto seremos capaces de estudiar la composición de la atmósfera de estos planetas y explorarlas, primero en busca de agua y, luego, en busca de trazas de actividad biológica. Desde el descubrimiento en 1995 del primer planeta extrasolar, 51 Pegasi-B, la humanidad ha recorrido un largo y fructífero camino.

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