El templo se llena, las cabezas se pueden ver una a al lado de la otra, pero entre medio se levantan las manos que llevan los ramos de claveles. Ninguno duda en pasarlo al que está al frente. Saben que llegarán a su destino: a los pies de la Virgen y el Señor del Milagro.
Como cada año el desafío de los voluntarios es armar las coronas de flores de claveles rojos y blancos que llevan las imágenes, y además la ornamentación de la Virgen de las Lágrimas y de la Cruz Primitiva.
Adriana López indicó que gracias a las donaciones de los creyentes están pudiendo cumplir con las obligaciones en cada altar y en cada imagen. "La verdad es que cada año hay más y eso hace posible cumplir con nuestro trabajo", afirmó.
En las naves y los retablos del Señor y la Virgen los voluntarios colocaron canastos donde los creyentes dejan sus ofrendas. De a dos o tres, las flores se multiplican y llegan a ser la cantidad que la Catedral utiliza todos los años.
Como ya es tradición, la ofrenda son claveles. En el interior de la Catedral un grupo de jóvenes realiza la selección por colores.
Al respecto, Adriana pidió a los creyentes que a la hora de la compra revisen que los claveles no estén arreglados con palillos o alfileres. "Muchas veces la gente en su buena fe compra arreglos florales y como los claveles son muy frágiles, lo primero que se quiebra es la cabeza. Así que los vendedores les colocan alfileres y eso a nosotros no nos sirve", destacó.
Una vez finalizada la fiesta del Milagro, ninguna de estas ofrendas se desperdicia. Cargadas de pedidos y bendiciones son el símbolo del Milagro para aquellos que no pudieron asistir a la gran fiesta de fe de los salteños. Todos lo claveles son donados a hospitales y hogares de ancianos. Allí llevan un poco de esperanza. "De esta manera el Milagro está en todos lados y se cumple con los que no pudieron llegar. Es una forma de que el Señor esté con ellos", dijo Adriana.
A sus espaldas, en la secretaría de la Catedral, un grupo de sus compañeros de tareas coloca los canastos rojos nuevamente vacíos que no tardan en cargarse de ofrendas de colores.
En la puerta de la Catedral y en las veredas de la plaza, pequeños floristas ofrecen los claveles para el Señor y la Virgen. "Flores para el Señor a $15", dicen, y estiran sus manitos a la espera de algún cristiano que también sea caritativo con ellos.

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