Todo indica que la próxima década definirá el protagonismo argentino en el mundo y que cada una de las provincias o regiones de nuestro país tendrá la oportunidad de acompañar ese desafío o quedar en el papel de mero observador.
Si sabemos interpretar el eventual- casi seguro- crecimiento de la producción agropecuaria de nuestro suelo y ponderar su resultado tangible que se transformará en la industria agroalimentaria argentina, debemos concluir que hacia el año 2025 confirmaremos nuestra presencia- afianzada - ante una demanda mundial que pareciera no tener techo.
El mundo, superpoblado donde la caprichosa urbanización acelerada por los tiempos transcurridos sin respuestas a las zonas rurales, quita superficie a la producción y demanda servicios, alimentos y energía. A esto se suma la creciente industrialización, creando un escenario que hace posible nuestro desarrollo como respuesta a este problema.
Argentina podrá- si sabemos hacerlo- ser un protagonista fundamental, si entendemos al Mercosur como integrador de esa potencialidad sumada a la de nuestros socios y aceptamos el desafío.
Todo asegura que la demanda planetaria vendrá- en gran parte del S.E. asiático- y que encontrará en el MERCOSUR gran parte de la oferta.
Repetir los motivos por los que Argentina estará en la mira será redundar en algo por todos conocido, basta con estudiar la creciente performance que adelanta el propio sector productor de materias primas, el sector agroindustrial y las insinuantes inversiones por venir, para imaginar un futuro prometedor.
A su vez el mundo "se mueve", la creciente población modifica hábitos alimentarios y la masiva comercialización ayuda en grande para que ello ocurra. En los últimos 50 años de anterior siglo se duplicó la población y se redujo a la mitad la disponibilidad de tierra cultivada por habitante, solo ese dato nos impone una tarea inteligente.
Quien observe esta evolución y sus diferentes particularidades comprenderá de inmediato que las necesidades se harán notar con mayor presencia. Las previsiones que se están tomando en estos últimos años hacen pensable que se puede enfrentar la cuestión, aunque con mucho esfuerzo, coordinación y experiencia.
El crecimiento de la población no fue ordenado ni equitativo en todo el mundo, regiones enteras casi no muestran un aumento importante y sin embargo en otras fue desmedido. Estas últimas en los países con menor desarrollo.
Así también no encontramos equilibrio en otras cuestiones. Entre India y China, suman el 40% de la población mundial y solo un 15% aproximado de tierras cultivables, Latino América con solo el 6% de población tiene una superficie cultivable aún sin techo.
Ante un planisferio que refleja el flujo del comercio exterior de alimentos es fácil tomar conciencia de los desequilibrios entre países exportadores e importadores y países desarrollados y los que están en camino de serlo. Merece un párrafo aparte la ventaja comparativa natural geoestratégica de nuestra región de producir en contra estación, atributo de inestimable valor.
El alimento es el producto de la tierra en acción, no se puede ni se debe esperar que la generación espontánea llene el vacío que las necesidades del momento y futuras nos marcan.
Bajar a terreno estas posibilidades nos impone un tiempo de concreciones y como toda tarea de campo necesita de un panorama de largo aliento. No debemos entonces imaginar un trabajo para los próximos 5 o 10 años, ni medir nuestras posibilidades por lo que- circunstancialmente- hoy cotiza el mercado o la situación económica o institucional de los países.
En las grandes decisiones jugaremos nuestro futuro. No considero que sea momento adecuado para pensar si gusta o no lo que pasará- aunque se debe discutir- pero si estoy convencido que este será el mundo para el presente siglo y Argentina- en ese sentido se alinea-, también encontraremos, aquí, diferentes puntos de vista a favor o en contra.
Una rápida lectura de los niveles alcanzados en materia de producción primaria en nuestro país, sumado a la incipiente aunque importante industrialización de agroalimentos, nos obliga a una pregunta que nos ubique donde realmente estamos. ¿Cuál es el aporte de Salta en esa estadística?. Veremos que estamos muy lejos y que mucho debemos cambiar.
Positivando ese panorama y ante la indiscutible realidad del escenario futuro, la pregunta a formularnos sería, ¿cual puede ser el aporte de Salta ante esta oportunidad segura?; veremos que está al alcance de la mano si partimos de la autocrítica constructiva, nos sometemos a la inteligencia colectiva y pensamos en nuestras generaciones futuras. Un salto superador con transformación y creatividad que nos haga competitivos es posible.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora